Jesucristo Nuestro Creador y Salvador – Estudio Bíblico

Los cielos y la tierra se llenan de la presencia de Dios cuando hablamos de Jesucristo, el Señor nuestro creador y Salvador.

No hay nombre dado al hombre en que podamos ser salvos.

Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. (Hechos 4:12)

Aún los más grandes —los más poderosos— los más brillantes de la tierra deben postrarse bajo sus pies.

Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. (Hebreos 2:8)

Jesucristo es el único, El es el único Hijo del Dios verdadero, el único Salvador y Señor

El es el único pensamiento, verbo e idea del infinito Dios.

El es el único creador del universo. El mundo no puede comprender el profundo significado de la creación de Dios, piensan en alienígenas que vinieron del espacio a crearnos, o que fuimos creados por evolución. El hombre natural no puede comprender lo profundo de la mente de Dios que nos fue entregada en su Palabra. No fue una ma­teria eterna la que lo creó; fue Jesucristo.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. (Juan 1:1-3)

El es el único redentor del hombre. El es el único salvador de la humanidad, no hay nadie que salve sino Jesucristo. Ningún cau­dillo, ningún prohombre, ningún político, nadie salva al hombre fuera de Él.

El es el único que ama realmente al hombre, lo amó hasta la muerte, hasta el tormento, hasta el perdón más absoluto.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

El es el único que sana hasta la raíz, no hay nadie que pueda sanar plenamente el alma y el cuerpo sino so­lo Jesucristo.

El sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas. (Salmo 147:3)

El es el único que va a venir.

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. (Apocalipsis 1:7)

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No esperamos a nadie ya, sino a Jesucristo que ven­drá al fin a juzgar al universo, a recibir a los predestina­dos.

A su triunfo final sobre la historia y sobre el desvío de los hombres. Jesucristo es el único.

Esto lo aceptamos con absoluta seguridad sólo por fe que nos infunde el Espíritu Santo.

Sin embargo todo lo presente, todo lo visible trata de quitarnos la fe en Jesucristo. Nos debilita su mirada.

El pecado paraliza nuestra vida. Los acontecimien­tos, la cultura, los proyectos, las inquietudes personales. Pero nosotros sabemos que tenemos a Cristo que venció al mundo pues venció la muerte y llevó consigo todos nuestros pecados:

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. (Juan 1:29)

Todo lo temporal desdibuja la figura de Jesús en nuestra vida.

El hombre vive en medio de lo indescifrable, está amenazado continuamente por preguntas que no tienen respuesta: su eternidad, su origen, el universo, su anhelo, la encarmación, el amor de Dios hacia El.

Pero hay alguien inmenso que dulcemente, silencio­samente puede penetrar toda nuestra vida y damos la respuesta y darnos la paz y la serenidad y la seguridad: Este es Jesucristo.

Apartémonos del pecado. Alejémonos del demonio y rindámonos nuestras vidas a Jesucristo. Esta noche cuando estén so­los, hagan un acto personal, íntimo de amor y de rendi­miento total a Jesucristo.

A todos los invito a una vida nueva en Jesucristo.

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