Los 9 Simones del Nuevo Testamento – Bosquejo

Cita Bíblica: Mateo 16:13–18, 21–25

INTRODUCCIÓN:

Es provechoso el estudio de diversas personas de un mismo nombre en las Sagradas Escrituras, por los contrastes que ofrecen los diferentes rasgos de cada uno, formando en su conjunto un cuadro de diversos colores, muy aleccionador, porque todos tenemos rasgos buenos y defectuosos, y podemos aprender muchas cosas de su conjunto.

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I.      Simón cananita (Mr. 3:18)

Según Lc. 6:15, Simón «celote» era del partido farisaico más estricto. Este Simón creyó en Jesús y fue apóstol; el fanatismo ardiente, cuando no está cerrado para escuchar la verdad puede ser agradable a Dios. Se supone que Pablo era también «celote». Oremos por los «celotes» católicos que hay fuera y dentro de los conventos.

II.      Simón el padre de Judas Iscariote

 (Jn. 6:71)

Poco sabemos de este Simón aparte de que era un «celote» y enseñó a su hijo a ser un fanático nacionalista. Discípulo nominal de Cristo. Tendría gran orgullo de que su hijo fuera un apóstol de Jesús, y, según la opinión de los que veían en Jesús un próximo Mesías, se imaginaría a su hijo como el ministro de Hacienda de su reinado mesiánico; pero no se detuvo a examinar el mensaje espiritual de Cristo en Mt. 6:18–19. De haberlo hecho y comprendido, quizá habría podido librar a su hijo de la ruina. Busquemos la verdad para poder enseñarla a nuestros hijos.

III.      Simón el fariseo (Lc. 7:40)

Era un noble judío que invitó a Cristo, pero lo trató con descortesía y recibió una gran lección acerca del perdón, doctrina que era desconocida para los judíos del tiempo de Jesús. Buscaban el perdón de pecados diversos, uno a uno, por los sacrificios simbólicos, pero el perdón total, para todos los pecados de una vida, era una cosa inimaginable. ¡Gracias a Dios que existe tal perdón para nosotros! (He. 10:11, 12).

IV.      Simón Pedro

El gran descubridor de la divinidad de Jesucristo (Mt. 16:17). Este gran apóstol fue llevado a Cristo por su hermano Andrés en el Jordán. Se reconoció pecador en la barca y siguió a Jesús, dejándolo todo. Fue corregido de dos grandes defectos: egoísmo e impetuosidad, contrastando con sus dos grandes cualidades: abnegación y sinceridad. Cristo, lleno de amor hacia él, se dedicó a desarrollar los segundos y librarle de los primeros, por los procedimientos siguientes…

1. De su impetuosidad:

 a) Al intentar andar sobre la mar.

b) Por su reprensión cuando quería apartarle de la cruz.

c) Por el anuncio de su negación cuando alaba de su lealtad.

2. De su egoísmo:

a) Cuando, tras el elogio de su inspirada declaración de la divinidad de Cristo, le reprime cualquier conato de orgullo, diciendo que un niño es el mayor en el Reino.

b) Le profetiza su muerte, en contraste con la suerte de su condiscípulo Juan.

Pero no es sólo con pruebas y reprensiones que Dios corrige a sus hijos (ej.: un buen médico no receta sólo antibióticos, sino también vitaminas).

3. De su complejo:

a) Jesús distingue a Pedro en la transfiguración y en Getsemaní.

b) Ora por él, según Lc. 22:32. ¡Cómo animaría a Pedro, tras su negación, el recuerdo de esta palabra de Jesús!

c) Le envía un mensaje la mañana de la resurrección (Mr. 16:7).

d) Le restablece el apostolado (Jn. 21:15). ¡Qué gran médico de almas es el Señor!

V.      Simón el leproso

¿Era el padre de Lázaro? Invitó a Cristo el último sábado de su vida, probablemente en gratitud a su curación de la lepra. Otros recibieron la sanidad y no se acordaron más, pero éste quiso obsequiarle, insistiendo, seguramente, por el recuerdo de la más reciente resurrección de su hijo Lázaro. Hizo bien. Era su última oportunidad. La vida cristiana es vida de gratitud al que nos ha librado del pecado y ofrecido el hogar del Padre en los Cielos.

simon, el hermano de jesus, simonesVI.      Simón el hermano de Jesús (Mt. 13:56)

Fue el cuarto hijo de la virgen María, el tercero de nacimiento natural. Incrédulo al Señor durante todo su ministerio con sus otros hermanos, quería que Jesús hiciese milagros para beneficiarse materialmente (la enseñanza de Jesús en el vs. 7 de Jn. 7). El mundo ama a los mundanos, pero admira al creyente, porque su conducta les juzga. Es de suponer que se convirtió en Jacobo después de la resurrección, juntándose con los otros Simones que siguieron a Jesús.

VII.      Simón cirineo (Lc. 23:26)

Un labrador que fue objeto de violencia por los soldados el día de la crucifixión del Señor. Pero aquella injusticia se convirtió en el mayor privilegio de su vida. Admirado en la Iglesia primitiva, padre de dos hijos recordados por el evangelista Marcos en Mr. 15:21. Su esposa se supone que fue la nodriza de Pablo (Ro. 16:31). Las aflicciones e injusticias que sufrimos forman parte de la grande cruz del Cristo espiritual, en su cuerpo, que es la Iglesia (Co. 1:24). Ayudar a otros a llevar su cruz, equivale a ayudar a Cristo mismo (Mt. 25:40).

VIII.      Simón el mago (Hch. 8:18–21)

El charlatán embaucador. Se ha discutido si fue o no convertido, si lo fue, tuvo una

tentación muy grande que es una gran lección para la Iglesia romana (anécdota: Tetzel y el noble que compró una bula para poder vengarse de un enemigo, que resultó ser el propio Tetzel).

IX.      Simón el curtidor (Hch. 9:43)

Hospedador de Pedro. Es interesante pensar que los ángeles, como el que se apareció a Cornelio, saben cuándo un servidor de Dios está en nuestra casa. Notemos que Pedro dice que se quedó «muchos días»; pero ¡qué días de bendición fueron aquellos! Dorcas resucitada, y ahora la visita de los enviados, nada menos que de parte de un centurión romano. Es muy probable que Simón fuera uno de los acompañantes de Pedro (Hch. 10:23–48). Él recibió a Pedro, y el centurión le hospedaría durante muchos días.

CONCLUSIÓN:

—El Señor que nos ha elegido como los Simones celotes, incluyendo a Pedro, completará nuestra santificación si le dejamos hacer.

—Seamos servidores suyos, empezando por nuestra casa, para que jamás tengamos la desgracia del padre de Judas.

—Interesémonos por la salvación de los más gran des pecadores, evitando el orgullo de Simón el fariseo.

—Agradezcamos como Simón el leproso.

—Vivamos para Cristo, a fin de que no tengamos que lamentar el tiempo perdido como Simón el hermano de Jesús.

—Estemos dispuestos a llevar las cruces de otros hermanos, como Simón de Cirene la de Jesús.

—Seamos hospedadores como Simón el curtidor, sabiendo que algún día tenemos que ser los invitados reales en la Casa del Padre.

—Puesto que el Señor ha abierto nuestros ojos a la magnanimidad del Evangelio, procuremos dar luz a los católicos que continúan por el camino de Simón el mago, pensando que el don de Dios se obtiene por dinero.

Si usted ha sentido o cree que este sermón le ha tocado su corazón y quiere recibir a Jesucristo como su Salvador personal, solo tiene que hacer la siguiente oración:

Señor Jesús yo te recibo hoy como mi único y suficiente Salvador personal, creo que eres Dios que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste al tercer día  Me arrepiento, soy pecador. Perdóname Señor. Gracias doy al Padre por enviar al Hijo a morir en mi lugar. Gracias Jesús por salvar mi alma hoy. En Cristo Jesús mi Salvador, Amen.

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