Ciudades de Refugio – Bosquejo para Sermones

proteccion-de-DiosCita bíblica: Deuteronomio 19:1–10

INTRODUCCIÓN:

La costumbre del vengador y las ciudades de refugio en el Antiguo Testamento son una ilustrativa parábola del Evangelio. En aquellos tiempos, la costumbre de vengar la muerte el pariente más próximo estaba tan arraigada que no había manera de legislar en contra. Dios puso un remedio. Seis ciudades levíticas repartidas por el país, no para proteger a criminales, sino para dar tiempo a la justicia para establecer la culpabilidad o la inocencia de los culpados involuntarios. Supongamos el caso de dos leñadores y un accidentado de muerte casual involuntaria, por desprendimiento del filo del mango del hacha. El pariente más cercano al muerto tenía el deber de vengar lo que podía parecer un asesinato culpable. Sólo quedaban dos caminos al presunto culpable:

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—Declararse culpable involuntario, acudiendo a la ciudad de refugio.
—Hacerse el desentendido y buscar excusas que podrían resultar inaceptables.

1. Todos hemos pecado por imprudencia: nadie es malo deliberadamente. La naturaleza, el medio ambiente, el tentador, pueden ser excusas válidas si no tuviéramos que ser juzgados por un Ser omnisciente de quien no se pueden ocultar los atenuantes ni agravantes de los acusados. El mejor camino es:

a) Reconocernos pecadores. Con Dios es el mejor camino a tomar. ¿Quién le engañará? El fariseo de Lc. 18: Pensó que podía deslumbrar a Dios, pero el publicano sacó mejor partido (ej.: el galeote que se declaró culpable).
b) Debemos buscar refugio a tiempo. Lamentar el hecho no bastaba. El vengador llegaría mientras el homicida involuntario estuviera lamentando, pues había leyes, había remedio, debía correr. Asimismo, el pecador moral.
c) El refugio es Cristo (Is. 32:2; Mt. 11:28). Aplicar la obra de Cristo a nuestra alma o, mejor, pedir a Dios que lo haga según sus promesas, es entrar en el Refugio.
d) Recordemos que no hay refugio para los ángeles rebeldes, pero sí para los hombres; mas sería vano si no acudimos a Él (Hch. 17:30). No dice que, teniendo en cuenta la ignorancia humana, Dios no perdona a cualquiera, sino a quienes se arrepienten.
e) Jesús en la cruz reconocía la parte involuntaria del crimen de sus asesinos, pero fue necesario que los interesados corrieran al refugio el día de Pentecostés (Hch. 2:37–41) para ser perdonados y salvos.

2. Debemos apresurarnos antes que llegue el vengador: se ha dicho que la muerte es el vehículo de Dios que nos lleva a nuestro hogar. Esto es para los cristianos, pero para los indiferentes es el vengador del pecado que les lleva a la condenación (Ro. 6:23). El paso del tiempo es el gran enemigo; es una imprudencia esperarle fuera del refugio, especialmente cuando conocemos el remedio … Pretender que el vengador está lejos, porque eres joven, es una necedad. Hoy hay más peligros de muerte para jóvenes que para ancianos (anécdota: el joven que perdió el tren y declaraba al jefe de estación: —¡Tanto como he corrido! —Sí, pero debías haber empezado a correr un poco antes …).

3. Debemos correr por el verdadero camino: «Hay camino que al hombre parece derecho» (Pr. 16:25). Hay muchos religiosos que corren por caminos equivocados.

4. Debemos permanecer en el refugio: había una ley muy curiosa en las ciudades de refugio israelitas—era refugio hasta que muriera el sumo sacerdote de sus días (Jos. 20:2). Algunos han visto en esta Ley una referencia a la muerte de Cristo, el sumo sacerdote de todos los pecadores. Quizás es una alusión al cambio de residencia de las almas que pasaron al Hades antes del sacrificio redentor de Cristo, a las cuales Jesús acompañó al hogar celestial eterno, según aparece en Ef. 4:8.

5. Debemos procurar que los postes del camino sean claros para otros: no somos nosotros los únicos por quienes Cristo murió. Deber nuestro es procurar hacer clara la salvación a otros (Is. 35:8). Este pasaje se refiere al Milenio, pero, en tanto, los caminos a la vida eterna están muchas veces mal dirigidos. Debemos indicar el camino de salvación con nuestras palabras y ejemplo haciendo todo lo posible para guiar a cada alma por el camino bueno. Vendrá el día en que quedarán muy pocos perdidos en el mundo (Jer. 31:34). Pero entretanto que todo está lleno de pecadores errantes, que no buscan la salvación o van por caminos equivocados, vivamos para ellos. Alcemos la bandera de la salud, atraigámosles a Cristo.

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