La Compasión del Señor Jesucristo – Bosquejo

compasión, cristo

Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas, porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. (Mt. 9:36–38).

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El pueblo en ese tiempo estaba sumido en la más profunda ignorancia con respecto a la religión verdadera; los que debían enseñarle eran ineptos que se contentaban con abrumarle con ceremonias y supersticiones, y no sólo no tenían amor para los pobres sino que los menospreciaban. El Señor «tuvo compasión» de ellos; y nosotros, ¿qué haremos? Santiago nos dice: «Sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados».

1. Compasión es el movimiento del alma que nos hace sensibles al mal que padece alguna persona: es una combinación de tristeza, simpatía, y amor. Es más que lástima. Lástima es una conmiseración hacia lo inferior; compasión es simpatía hacia la humanidad.

Personifiquemos la Lástima y la Compasión. Lástima oye el grito desesperado, «¡un hombre ha caído en el mar!» y se reclina sobre la baranda del barco, asustada, sin hacer ningún esfuerzo para salvar al que se está hundiendo. Compasión se quita el saco y se lanza dentro del mar para salvar al hombre que se está ahogando. Lástima ve a un borracho brutal ultrajando a una mujer indefensa y siente tristeza sin decir nada; Compasión coge al ebrio del cuello y lo entrega a la policía. Lástima dice al necesitado: «Id en paz, calentaos y hartaos;» Compasión da de comer al que tiene hambre, da de beber al sediento, recoge al extranjero, cubre al desnudo, visita al enfermo y al prisionero. Lástima canta con entusiasmo: «yo quiero cada día trabajar … en la viña del Señor». Esto hace mientras está en el templo, pero fuera de él es otra cosa. Compasión va en pos de los perdidos y les habla del amor de Dios, y se remonta en alas de fe y esperanza hasta el trono de la gracia de Dios orando por ellos para que salgan de las tinieblas y vengan a la luz resplandeciente de Cristo Jesús. Lástima se conmueve superficialmente, Compasión es la simpatía profunda de un alma que comprende cuál es la «anchura y la largura y la profundidad y la altura», del amor de Dios, y conoce «el amor de Cristo que sobrepuja a todo entendimiento».

a) En el Antiguo Testamento la palabra compasión se menciona con mucha frecuencia. En Éxodo 2:6 leemos que la hija de Faraón tuvo compasión del niño Moisés.

b) David en su aflicción dijo a sus siervos: «Viviendo aun el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, por manera que viva el niño?»

c) Job, describiendo su miseria a sus amigos, dijo: «Oh vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mi; porque la mano de Jehová me ha tocado» (Job 19:21). En Is. 54, dice el v. 6: «con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor Jehová». El capitán de la nave cuando halló a Jonás durmiendo, le dijo: «¿Qué tienes dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos» (Jon. 1:6). Y en el Nuevo Testamento las páginas están perfumadas con la palabra compasión expresada verbalmente y en acción.

2. La compasión era lo dinámico del ministerio del Señor Jesucristo: enseñaba, predicaba y sanaba…

a) Enseñaba con autoridad y no como los escribas: en el sermón del monte tenemos al Maestro por excelencia.

b) Predicaba en Nazaret, diciendo: «El espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados; para predicar el año agradable del Señor».

c) Sanaba a los cojos, a los sordos, a los ciegos, a los paralíticos, los leprosos eran limpiados, los muertos eran resucitados: tenía compasión de las multitudes hambrientas y con dos peces y cinco panes alimentó a cinco mil personas. Tuvo compasión de la ingrata Jerusalén y lloró sobre ella. Tenía compasión de las almas esparcidas como ovejas sin pastor. La compasión fue la fortaleza de Cristo en el Getsemaní. Su sudor era como gotas de sangre. Y la compasión a las almas lo sostuvo para ir a la cruz. La compasión fue su sostén en la cruz. Tuvo compasión aun de sus enemigos y oró por ellos.

3. El mundo necesitado de compasión: el mundo en los días de Jesucristo no estaba sin lugares de reuniones religiosas. En Jerusalén había 460 sinagogas, pero no había compasión. Había también directores religiosos, los escribas y fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés (Mt. 23). En esos días las gentes no estaban sin tradiciones: había en ese tiempo 614 mandamientos y tradiciones. Cuando el doctor de la ley hizo la pregunta al Señor: «¿Cuál es el más grande mandamiento en la ley?» no se refería a los diez mandamientos, sino a los 614.

4. La compasión es el manantial de la empresa misionera: «A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos». En la actualidad hay millones de gentes sumidas en el paganismo y en la superstición, lejos del camino que conduce al Cielo; sin Dios y sin esperanza; descarriados como ovejas sin pastor; hundidos en el fango del pecado. Y qué pocos en verdad son los obreros. La compasión es indispensable para la oración efectiva. «Rogad, pues al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies». «Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega» (Jn. 4:35).

Si usted ha sentido o cree que este sermón le ha tocado su corazón y quiere recibir a Jesucristo como su Salvador personal, solo tiene que hacer la siguiente oración:

Señor Jesús yo te recibo hoy como mi único y suficiente Salvador personal, creo que eres Dios que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste al tercer día  Me arrepiento, soy pecador. Perdóname Señor. Gracias doy al Padre por enviar al Hijo a morir en mi lugar. Gracias Jesús por salvar mi alma hoy. En Cristo Jesús mi Salvador, Amen.

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