El Dilema de Herodes Agripa II – Bosquejo para Sermones

Este es el Bosquejo para Sermones «El Dilema de Herodes Agripa II» que nos cuenta la vida de Pablo, es muy emocionante e interesante.

Cita Bíblica: Hechos 26

Introducción:

herodes-grande, personaje biblico, rey, israelEste relato es el más explícito y emocionante de la vida de Pablo. El gran apóstol antiguo perseguidor de los cristianos se había hecho famoso pues como él dice: «desde Jerusalén hasta Ilírico todo lo he llenado del Evangelio de Cristo» (Ro. 15:19). Los jefes de las sinagogas se habían quejado al gran Sanedrín por la propaganda de este agitador y los más fanáticos judíos de Jerusalén le estaban esperando. En su última visita a Jerusalén, tuvo la mala idea de llevar consigo a unos griegos convertidos y estando en el Templo unos judíos le conocieron y armaron un alboroto comenzando a pegarle, cuando salió al tribuno estaban gritando: «¡Mátale, mátale!» el apóstol intentó explicarles su conversión pero no le dejaron acabar. De allí el tribuno lo llevó a Cesarea donde predicó al gobernador Félix que le retuvo dos años preso y le dejó en manos de Festo Un italiano recién llegado de Roma que no entendía nada de religión.

1. ¿Quién era Agripa? El hijo de Aristóbulo, el cuñado del primer Herodes que recibió a los magos, e intentó malar a Jesús. Aristóbulo tenía una hermana joven, muy hermosa, que se llamaba Mariamme y elegida como la principal de todo el harén de Herodes Antipas, quien dio orden a sus amigos que cuando estuvieran nadando juntos retuvieran a Aristóbulo debajo del agua hasta que se ahogara. El rey fingió un gran duelo, pero Mariamme le reprochaba con indirectas, que él era quien había hecho ahogar a su hermano, lo que produjo tal indignación en el primer criminal de la nación que la hizo matar a ella también, pero Herodes se sentía tan acongojado después de haberlo hecho que ordenó a sus criados que la llamaran como si estuviese viva y pudiera oír su nombre como antes, ya que no la podía oír a ella misma. El rey Agripa era un niño cuando tuvieron lugar estos acontecimientos y fue enviado a Roma a estudiar, y el Senado le nombró rey de una parte de Israel para congraciarse con los judíos.

2. El discurso de Pablo ante el rey: el gobernador Festo al ser visitado por el rey Agripa y Berenice les explicó que tenía un preso que había apelado a César y, antes de enviarlo al Augusto deseaba informarse acerca de por qué le odiaban tanto los judíos. Pablo explicó su historia usando un lenguaje que inquietó la conciencia del rey. Dijo que había cambiado de su punto de vista judío, porque Jesús resucitado se le había aparecido cerca de Damasco y le había ordenado ir a los gentiles a proclamar que Jesús no estaba muerto, sino vivo y ensalzado a la diestra de Dios para que los hombres abrieran sus ojos a la verdad del Cristo resucitado, y ésta fue la primera flecha que entró en el corazón del rey Agripa. Éste había sido educado en la fe judía cuando era un niño en Jerusalén y por esto Pablo continuó su discurso diciéndole: «¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? ¡Yo se que crees!». Sin duda, el rey Agripa había profesado fe en la religión judía y ahora se encontraba con un nuevo dilema. ¿Sería Jesús el que había sido crucificado por Poncio Pilato el verdadero Mesías que esperaban los judíos? Era algo raro, ya que el Sanedrín estaba en contra de la nueva religión, pero Pablo afirmaba que había oído a Jesucristo vivo, a las puertas de Damasco y le había dado la orden de extender esta buena nueva a judíos y a gentiles. ¿Recordaría Agripa el libro de Is. 53? No sabemos si el apóstol Pablo en su larga arenga usó esta expresión. «Abrir los ojos» a la nueva fe. Si Agripa creía a los profetas, Isaías era uno de estos, y el que había oído de tantas religiones en Roma, se sintió compungido. Era evidente que aquellas religiones eran falsas, ¿sería verdad el testimonio que daba Pablo acerca de este Jesús resucitado, de quien aquel singular preso estaba dando testimonio? El primer paso en toda conversión es abrir los ojos, darse cuenta de que para el Creador del Universo no es imposible este milagro de resucitar a su Mesías, pero abrir los ojos no es todo…

Posiblemente hay aquí en esta congregación alguien que ha empezado a creer. Este es el estado del que se interesa por el Evangelio y dice «¡Me gusta!», pero esto es solamente el primer paso, y el segundo es el más difícil.

3. Para que se conviertan de las tinieblas a la luz: ¿Que deberíamos hacer cada mañana cuando abrimos los ojos? Abrir las ventanas y decir a Dios, Creador invisible, pero que se manifiesta por sus obras: «Señor dame tu luz para que pueda tener la inteligencia espiritual que se necesita para dar el paso de ser cristiano».

4. Del poder de Satanás a Dios: éste es el estado del pecador. No solamente es ciego, sino esclavo. Así lo considera Jesús mismo cuando los judíos se ufanaban de ser hijos de Abraham y les decía: «¡Abraham era muy diferente de vosotros!», y añadía: «Todo el que hace pecado es esclavo del pecado» no hace su voluntad, sino que sigue los malos pensamientos que el príncipe de este mundo pone en su mente. ¿No es así con muchos que han abierto los ojos y han visto el gran error de su pasado? El fanatismo ciega, pero la luz de Dios brilla, y hoy día todavía está brillando en las conciencias de personas que creen con una fe incipiente e incompleta, tal como quizá en aquel momento tenía el rey Agripa. Hay miles que al oír y leer tantos libros que hablan de la divinidad de Jesús empiezan a abrir los ojos; pero la convicción interna ha de ser seguida por una confesión externa, tal como dice Pablo en Ro. 10:9: «Si confesares con tu boca al Señor Jesús y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo». Creer con la mente la verdad del Evangelio es un modo de abrir los ojos, pero confesar que crees es la parte práctica del gran dilema. ¿Qué haría Agripa ante la evidencia que se presentaba ante sus ojos? Creer en su corazón, primero en los profetas, esto ya lo creía desde niño, pero aceptar que Pablo decía la verdad en cuanto al encargo que el Cristo resucitado le había dado y exclamar desde el alto asiento de su tribunal: «¡Este hombre dice la verdad; yo me declaro cristiano!», era algo demasiado difícil, por esto se limitó a decir:

5. ¡Por poco me persuades a ser cristiano! He aquí un hombre medio convertido que no podía negar su fe en los profetas para declararse cristiano. Habría sido romper con todo su pasado, no sólo judío, sino también filosófico. Él había sido elegido por el Senado Romano como rey de una parte del norte de Israel. Aquel nombramiento era demasiado fuerte para ser roto tan sólo por una duda interna. A su lado estaba un gobernador ateo, quien había dicho unos momentos antes: «¡Estás loco, Pablo, las muchas letras te vuelven loco!» Y Pablo insistió con unas palabras de triunfo: «¡Ojalá que por poco o por mucho no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos cual yo soy, excepto estas cadenas». Era como decir: «No se trata de llegar al umbral de la fe, sino declararía (tal como él había hecho en vano con todos los gobernadores), pues yo soy ciertamente testigo de lo que digo, y cada uno de los que hemos puesto fe en el Invisible podemos terminar diciendo lo mismo». ¿No habrá entre los presentes alguien capaz de dar un paso más en favor de la fe? Pero la fe cristiana no es quedarse la semilla de fe en el corazón (en el caso de Agripa el creer en los profetas). En este caso es dar crédito a la historia de Jesucristo, pues como escribió Pablo en Ro. 10:1–11: «Si confesares con tu boca…». Esto demuestra que había otras personas en el auditorio convocado por el gobernador Festo, por orden del rey Agripa.

No sabemos el resultado de aquel testimonio de Pablo. Nadie se levantó, sino las autoridades, para dar por terminada la sesión. Agripa conservó su dignidad humana… pero a qué precio… ¡su alma!

6. Historia posterior de Agripa: el rey Agripa fue desde el principio uno de los mejores gobernantes que había tenido la nación judía, pues Herodes el Tetrarca no había sido mucho mejor que Herodes Antipas, pero Agripa, no sabemos si por la influencia y la convicción que produjo el famoso discurso del apóstol Pablo, fue desde el principio de la guerra un buen defensor de los judíos, a quienes recomendó siempre que no se rebelaran contra el poder romano, pues sus aguerridas y bien disciplinadas huestes habrían vencido en todas partes, desde las Galias a España y desde los partos a los cartagineses. El mayor error político de Agripa fue el haberse juntado con su hermanastra, Berenice, Hija de Herodes Agripa I, con la cual apareció en el juicio que tuvo lugar contra Pablo.

Naturalmente Agripa estuvo luchando en favor de los romanos cuando estos invadieron el norte y fue herido de una pedrada de onda en el ojo en Gemala, en aquella guerra que terminó con el terrible asedio profetizado por Jesucristo y la toma y ruina de Jerusalén. Pero todos los años en que el reinó siempre estuvo aconsejando bien a los judíos. ¿Por qué, pues, la providencia divina permitió que fuese herido de aquella mala forma que le privó de un ojo? ¿No sería como un aviso de Dios sobre el indeciso Agripa? Dios reina y gobierna sobre los buenos y los malos en su dominio eterno, y el rey Agripa no estaba exento de pecados, como había sido su incesto con Berenice y su endurecimiento ante el testimonio del apóstol Pablo tan claro y persuasivo. ¿No sería para que en medio de su contratiempo y dolor reflexionase sobre lo que había oído? Sabemos por la historia que, antes de volver a Roma, la disoluta Berenice le abandonó y se hizo manceba de los vencedores Vespasiano y Tito. Dios tiene muchos medios para tratar con los hombres, mejores y peores. Después de la caída de Jerusalén se retiró a Roma, donde fue nombrado Pretor, una autoridad muy inferior a la de rey y que, aunque tuvo una larga vida, murió en el año 100 d.C.

Conclusión:

¿De qué le sirvió a Agripa guardar en aquel momento de indecisión su autoridad y honores llegándose a creer el mensaje del Evangelio en aquella célebre ocasión cuando casi llegó a persuadirse de ser cristiano? Ésta es una lección de la historia para los medio creyentes. Pablo dijo ante el rey repitiendo las palabras de Cristo en su aparición en el camino a Damasco: «Para que abras sus ojos (de los no creyentes) a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios para que reciban por la fe que es en Mí perdón de pecados y herencia entre los santificados» (Hch. 26:18).

Si usted ha sentido o cree que este sermón le ha tocado su corazón y quiere recibir a Jesucristo como su Salvador personal, solo tiene que hacer la siguiente oración:

Señor Jesús yo te recibo hoy como mi único y suficiente Salvador personal, creo que eres Dios que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste al tercer día  Me arrepiento, soy pecador. Perdóname Señor. Gracias doy al Padre por enviar al Hijo a morir en mi lugar. Gracias Jesús por salvar mi alma hoy. En Cristo Jesús mi Salvador, Amen.

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