Félix, Gobernador Espantado – Bosquejo para Sermones

Este es el Bosquejo para Sermones «Félix, El Gobernador Espantado» que nos cuenta la historia de Félix, que se encuentra en el Nuevo Testamento.

Cita Bíblica: Hechos 24:1–27

Introducción:

El Nuevo Testamento nos presenta una serie de procesos similares, en los que los acusados hablan como jueces y los jueces como acusados:

—Jesús ante Pilato. «Ningún poder tendrías si no te fuese dado de arriba» (Jn. 19:11).

—Esteban ante el Sanedrín. Una serie de réplicas violentas citando toda la historia de Israel (Hch. 7).

—Pedro y Juan ante el Sanedrín: «Juzgad si es justo obedecer a vosotros más bien que a Dios» (Hch. 4:19).

—Pablo ante Félix y Agripa (Hch. 24:1–25).

santa biblia, bible, abierta, palabra de Dios, escrituras1. ¿Quién era Félix?: La historia nos cuenta que él y otro esclavo llamado Pallas habían sido antes esclavos, pero muy listos y sin escrúpulos. De Félix sabemos que era avariento (v. 26) y recibió varios testimonios del apóstol Pablo, quien había cometido el error de apelar a César, sin conocer, naturalmente, el carácter e historia de este gobernante que se llamaba Nerón. En aquellos días acababa Félix de cometer una de sus mayores intrigas. Se enamoró de Drusila, la hija de Agripa II (Hch. 12:22) judía de Jerusalén, casada con Azizus rey de Emesa, pero a quien ayudado por Simón el Mago logró enamorar, a pesar de ser mucho más viejo que ella, lo que produjo una guerra en la que Azizus fue derrotado por las legiones romanas. En esta ocasión, no sabemos si su amante judía le había dado testimonio de las maravillas del Dios de los judíos y ni si era Simón el Mago el que menciona el NT en Hch. 8:18–24, lo que es muy probable. Y ahora Dios le pone ante uno de sus más grandes servidores, el apóstol Pablo, que le narra su historia en contraste con Tértulo, gran orador (Hch. 23:23–24:25) quien le habla en un tono de servidor de Dios ante el tan listo para Satanás. Cuando llega Félix, posiblemente de vuelta de su maquiavélica acción contra el pobre Azizus, se encuentra con este gran preso.

2. El abogado de Dios: Pablo se olvida de que es un acusado y sólo piensa en la pareja de pecadores ante quienes ha sido traído. Dios había dicho: «Instrumento escogido me es éste…» quien diserta…

a) Acerca de la justicia: buen tema para un antiguo esclavo que había subido a gobernador por sus mentiras e injusticias.

b) Del dominio propio: ésta es una virtud cristiana totalmente contraria a la vida del gobernador gran culpable.

c) De la continencia: o sea, de cómo el hombre creado a imagen y semejanza de Dios tiene que poner brida a sus pasiones carnales, pero el pecado convierte a algunos hombres en peores que los brutos. El león y muchas fieras son fieles a sus compañeras con las que se han juntado. Pero los hombres, cuando se entregan a las pasiones del sexo, saben dónde empiezan pero no dónde acabarán. Félix mismo era un carro sin freno. ¿Quién podía detenerle si hasta entonces todo le había salido bien? (por la bendición de Satanás) El Evangelio es el mejor freno contra el pecado (indicar algunos casos de ex drogadictos y marginados). d) Del juicio: Pablo no se olvidaba de este punto, ante los eruditos (Hch. 17:31) y ante los mayores pecadores como este desgraciado gobernador que tenía tanto peso en su contra.

3. El resultado tiene dos fases:

a) Aplazar el asunto (Hch. 24:25).

b) Acusar a los creyentes de locura (Hch. 26:24–26). No sabemos en qué forma lo presentó Pablo, pero sí en lo que hizo sentir el Espíritu Divino en el corazón de Félix: Ante el trono de Dios no habrá excusas o mentiras que valgan. Tampoco sobornos: «Horrible cosa es caer en las manos del Dios vivo». El gran culpable se puso a temblar. Un poco más, y Félix estaría a los pies de Pablo como un día el carcelero de Filipo, pero extendió la mano para pronunciar contra sí mismo el veredicto: «Vete y más adelante te llamaré». Pero el corazón endurecido queda como piedra. Varias conferencias con Pablo le llevaron tan sólo a la conclusión de que el gran apóstol estaba loco (Hch. 26:24, 25).

4. La defensa de Pablo y sus consecuencias: esta defensa consistió en citar hechos notorios en aquellos días, o sea, la resurrección del Señor expresada con tal firmeza que puso en duda al mismo rey Agripa I hijo de Herodes el Grande, el que decretó la muerte de los inocentes cuando nació Jesús. Todos ellos eran conocedores de los hechos que habían tenido lugar con motivo de la resurrección de Jesús. Tanto la esposa de Félix como la de Agripa eran conocedoras de la historia de Israel por ser las dos judías y ambas se habían casado con familiares de la misma descendencia malvada, tanto Drusila, la de Félix, manceba del viejo rey como Berenice, recién reconciliada—según parece—con su marido.

Su intimidad con su propio hermano causó escándalo y habiendo enviudado se casó con Polemo rey de Cilicia, pero lo abandonó para volver al lado de Agripa cuando Pablo compareció ante este pequeño monarca. Nos dice la historia que más tarde fue manceba de los romanos Vespasiano y Tito. Félix no pudo aguantar el discurso y clamó: «¡Estás loco, Pablo, las muchas letras te vuelven loco!» De las mujeres no conocemos la reacción, las dos eran tan hermosas como malvadas, y por su resistencia al conocimiento de la verdad podemos creer que ambas fueron perdidas.

Conclusión:

Sabemos por las Sagradas Escritura que hay diversos tipos de pecadores y algunos lo son tanto que están condenados con anterioridad a su muerte (1 Jn. 5:16) y otras están en el Hades esperando el juicio ante el Gran Trono Blanco para recibir conforme a sus hechos. No sabemos cuál es la condición de estos cuatro personajes, pero dada la luz que recibieron durante sus vidas, podemos entender que cae de pleno en ambas, la sentencia que profiere Jesús en Jn. 3:18, 19. ¿Cuál es la tuya? ¿La de Félix, la de Agripa o la de estas mujeres? Pues todas ellas son de evidente condenación, aunque quizá la de Agripa sea un poco más suave (Mt. 11:24) por el buen propósito de libertar a Pablo si no hubiese apelado a César.

Si usted ha sentido o cree que este sermón le ha tocado su corazón y quiere recibir a Jesucristo como su Salvador personal, solo tiene que hacer la siguiente oración:

Señor Jesús yo te recibo hoy como mi único y suficiente Salvador personal, creo que eres Dios que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste al tercer día  Me arrepiento, soy pecador. Perdóname Señor. Gracias doy al Padre por enviar al Hijo a morir en mi lugar. Gracias Jesús por salvar mi alma hoy. En Cristo Jesús mi Salvador, Amen.

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