Las Grandes Cosas de Juan 3:16 – Bosquejo

Cita Bíblica: Juan 3:13–21

INTRODUCCIÓN:

juan, de tal manera amo, jesúsSe ha llamado a este texto el Evangelio en miniatura. Escrito en 850 idiomas en la aguja de Cleopatra en Londres. ¿Qué nos dice el famoso texto? Nueve cosas superlativas.

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1. El mayor amor: «De tal manera amó»: Juan dice: «No hay mayor amor que éste». Pues si dijera Dios amó muchísimo resultaría pobre; al decir «de tal manera», deja la medida a la conciencia del lector, por encima de todo calificativo. «¿Cómo me amas», preguntan los novios. «Hasta las estrellas». «Como a mi propia vida». «Con todo el corazón y las dos manos», respondió una novia práctica.

2. El amante mayor… «Dios»:

a) El privilegio de ser amado es según la persona que ama (ej. esposas de reyes. Las cartas de Napoleón a Josefina, publicadas por La Vanguardia, son tiernas; pero al fin se divorció, porque Josefina no podía darle un heredero).

b) A veces las esposas de grandes hombres han sido indignas (ej.: la mujer de Job, la esposa de Potifar, etc). Nosotros somos llamados «esposa de Cristo». ¡Que no las imitemos!

c) El amor de Dios es tan altruista que no ama al mejor, sino al más desgraciado. Seguramente no hay mundo habitable más desgraciado que la Tierra, ni ser más necesitado que el hombre; por esto la grandeza del amor divino se ha fijado en nosotros. Jesús reveló la posibilidad de lugares habitados por justos que no necesitan arrepentimiento (Lc. 15:7).

3. El objeto mayor: «Al mundo»: es natural que un gran amante busque un gran objeto para amar. El mundo no es un objeto tan grande para Dios, pero es el mayor que podemos conocer. Hay miles de millones de almas. ¿Cuántas serán salvas? ¡No lo sabemos! Seguramente habrá diversos grados de salvación. Los que aquí hemos creído tenemos el principal privilegio, que es ser «esposa de Cristo» (Ef. 3:12). Afortunadamente, la Iglesia, «esposa de Cristo» es grande, y cuando yo estoy frío o distraído, el amor de otros puede ser ardiente. Los atributos divinos son tan grandes que pueden abarcar el mundo entero con su amor. 

4. El acto mayor: «Que ha dado»: «Obras son amores», dice el refrán. El amor se manifiesta por dones. Dios nos dio a su Hijo. No sólo lo prestó; lo prestó temporalmente, sí, para la Redención, pero lo dio a nosotros como Salvador por la eternidad. Lo expuso a los
golpes del adversario, con el dolor y la muerte porque entró en el Reino del enemigo; con todo, no lo rehusó (Ro. 8:32).

5. El regalo mayor: «A su Hijo Unigénito»: no nos dio un ángel, arcángel o querubín, sino el Ser más amado del Universo. Puedo tener mil criados, pero ninguno tendrá el valor de un hijo, sobre todo si es unigénito (anécdota: el hijo del capitán que se ofreció voluntario para saltar al mar cuando el buque se hundía, a fin de tapar con su cuerpo el agujero). Pero aún hay gran diferencia entre este maravilloso amor y el de Cristo, y es que el muchacho estaba condenado a perecer, como todos; pero Cristo no. Lo hizo sólo por amor a nosotros.

6. La oportunidad mayor: «Para que tod aquel». ¡Qué grande es esta puerta! Cualquier otra frase habría sido deficiente. Supongamos que dijera «muchísimos»; podríamos dudar de si entramos en el número «Todo aquel» nos incluye a todos, si nos dejamos incluir. Deja toda la responsabilidad en nosotros.

7. La sencillez mayor: «Que en Él crea»:

a) Hemos dicho que «Todo aquel» es una puerta muy amplia, pero podría haber alguna condición difícil; podría decir:

—«Todo aquel que sea santo como Yo».
—«Todo aquel que llore siete días en mi sepulcro».
—«Todo aquel que viva por lo menos veinte años para Mí».
—«Todo aquel que pueda convertir a diez personas».

b) Estos «todo aquel» condicionales pondrían en desespero a los incapaces de realizarlo, ancianos o moribundos; pero creer es posible a todos y en cualquier circunstancia.

c) Hay quienes dicen que esto es demasiado sencillo. Los tales desconocen la naturaleza de la fe. La fe es un sentimiento pasivo, pero es la base de toda buena actitud o acción. Parece poca cosa decir «creo», pero trae una verdadera revolución en el alma y en la vida, seguida de los más grandes sentimientos y de los más heroicos hechos.

8. El peligro mayor: «No se pierda»: no podemos adivinar todo el alcance de esta palabra, a pesar de las solemnes advertencias de Jesús, porque sabemos también que habrá diversos grados de condenación (Mt. 11:20–24). Somos tan débiles y pecadores que podría tocarnos un grado muy superior al que suponemos; pero Jesús da seguridad absoluta a los que creen en Él (Jn. 5:24). «Ninguna condenación» significa que estamos libres de todas, las más tolerables o las más severas.

9. El privilegio mayor: «Sino que tenga vida eterna»: tampoco podemos medir o imaginarnos el alcance de este privilegio. Vida, o existencia, es el gran anhelo de todo ser humano, pero esta frase, en boca de Cristo significa mucho más que simple existencia;
implica todos los privilegios que Él otorga. Estar con Cristo es lo principal, pero hay frases bíblicas que nos permiten hacer hipótesis gloriosísimas, como: 

a) El ser embajadores en lugares celestiales (Ef. 3:10).
b) Ser identificados con signos externos de gloria (Dn. 12:4; Mt. 13:43).
c) Admirar inimaginables maravillas de Dios (l Co. 2:9).
d) Gozar de comunión y relación con todos los santos de edades pasadas (Ef. 2:17–20).
e) Tener relación con seres superiores, ángeles, arcángeles, etc.
f) Juntar nuestras voces a las suyas en actos de adoración entusiasta (Ap. caps. 4, 5).

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