Moisés – Bosquejo para Sermones

Este es el Bosquejo para Sermones titulado «Moisés» que te servirá para predicar la palabra de Dios.

Cita Bíblica: Éxodo 2

moises, tierra prometida

INTRODUCCIÓN:

La dinastía de los Hicsos, a la que pertenecía el buen Faraón del tiempo de José, fue arrojada del país en una guerra y fue sustituida por la dinastía Tebaida (grandes constructores que edificaron el templo de Ipsanbul y cuatro colosos de 20 metros que representan a Ramsés II).

1. La vanidad de los planes de los hombres que no tienen en cuenta a Dios: los faraones no contaban con la promesa de Gn. 22:7–17 a Abraham. Los malos sólo pueden obrar hasta que Dios dice «¡basta!». Por esto dice el Salmo:

«Calla a Jehová, y no te alteres a causa de los malignos» (Sal. 37:1).

2. Que la sabiduría de Dios sabe sacar bien del mal: Faraón era un instrumento de Satanás dispuesto a terminar con el pueblo escogido, de quien debía nacer el Cristo. Leyendo la genealogía de Mt. 1 se descubren sus esfuerzos para destruir la simiente escogida. Satanás sabía que tocaban a su fin los 400 años profetizados, de probación de Israel en Egipto, y había calculado bien su hora. Quizás es por esto que las profecías no son más claras, pero el Sal. 76:10 se cumple. Así parece que va a ocurrir al final de los tiempos. La Historia parece precipitarse al llegar a su fin. Parece imposible que todo lo profetizado pueda cumplirse en siete años. Pero esto no ha de ser impedimento para que dejemos de estudiar las profecías escatológicas, pues Dios es Señor de lo grande y de lo pequeño, maneja las naciones y también a los individuos.

3. Que Dios suele dar a los que en él confían más de lo que pedimos o entendemos: Jocábed habría orado por la vida del niño, pero nunca para que fuese educado como un príncipe real. Así hace Dios. El caso de Mardoqueo.

Con frecuencia descubrimos que lo no pedido es incalculablemente superior, porque nuestra visión es corta.

4. Que Dios quiere una consagración completa de los suyos: nótese lo difícil de la elección de Moisés… La política humana habría sido usar su influencia en favor del pueblo, permaneciendo en la corte, pero nuestros errores son a veces las puertas de Dios. Por otro lado, según He. 11:24–27, había un elemento de conciencia en gozar de los placeres de la corte mientras sus hermanos sufrían. Trató de defenderlos con su fuerza física, en un arrebato de cólera, y fracasó; pero Dios usó su error para disciplinarle a él en solitario, y para que el pueblo aprendiese más por el sufrimiento. Esto nos enseña que:

5. La conversión o decisión por Dios no nos hace perfectos, pero nos pone en la mano de Dios para serlo. La decisión de Moisés fue un acto heroico, pero atolondrado. La santidad no consiste en un acto, sino en una serie de heroísmos. Como el andar, no es un solo paso, sino muchos en la misma dirección. La reacción de Moisés nos muestra dos defectos, muy comunes en los cristianos:

a) El deseo de obtener la aprobación humana. Que sus compatriotas esclavos le admiraran diciendo: ¡Qué valiente !

b) El temor y la cobardía: ésta última fue la reacción de lo primero. La fe no tiene tanta valentía ni tanto temor (anécdota: Latimer dijo a Enrique VIII: «Si no temiera tanto la ira del Rey del Cielo, temería más la de vuestra majestad».).

6. Todo lo que le faltaba lo obtuvo por la disciplina de muchos años:

a) Era iracundo: fue manso (Nm. 12:3).

b) Era temeroso: fue valiente (Éx. 14:13; Dt. 31:6).

El carácter resuelto quedó, pero sólo en lo que afectaba a las cosas de Dios, no en las que le afectaban a él. Éste es siempre el resultado de la consagración.

CONCLUSIÓN:

El Dios de Moisés es aún nuestro Dios. Considerémoslo en todos los aspectos citados. Lo importante es que sepamos elegir la buena parte, como lo hizo Moisés; y no solamente en el momento de nuestra conversión, sino en cada paso de la vida, para que Dios pueda santificarnos, como hizo con Moisés.

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