Actitud del Cristiano ante los Cigarrillos, Bebidas y Drogas

¿Qué debe hacer un cristiano acerca de estos estimu­lantes?

Nadie debería privarnos de nuestra libertad personal acerca de estas cuestiones. Hemos sido llamados a la libertad, y no es éste el momento de sacar un libro de normas. Sin embargo, en el Nuevo Testamento se nos dan dos limitaciones a nuestra libertad. «Todas las cosas me son legítimas, pero no todas son convenientes. Todas las cosas son legítimas pero no me pondré bajo el dominio de ninguna.» Esta era una pregunta crucial que Pablo se hacía a sí mismo: ¿Van estas cosas totalmente legítimas a privarme de mi libertad llevándome a una nueva esclavitud, a atarme a un hábito que no puedo romper?

La segunda pregunta es ésta: ¿qué efecto tendrá el ejercicio de mi libertad sobre otras personas que me mi­ran como ejemplo? «Pero ¿por qué debo ser guiado y limitado -preguntarás tú- por lo que piense alguna otra persona? Si puedo dar gracias a Dios por los alimentos y dis­frutar de ellos, ¿por qué he de dejar que otros me lo estropeen todo porque piensan que hago mal?» «Bueno, ya te diré por qué», dice Pablo. «Se trata de que debes hacerlo todo para la gloria de Dios, incluso si comes o bebes. De modo que no seas tropiezo para nadie, tanto si se trata de judíos, de gentiles o de cristianos. Éste es el plan que también sigo yo. Intento agradar a todos en todo lo que hago, no haciendo lo que me gusta o lo que es mejor para mí, sino lo que es mejor para ellos, para que puedan ser salvos.»

cristiano, actitud, bebida, cigarrillo, drogas, estudioAplica ahora estos principios a la bebida, a los cigarri­llos y a las drogas. ¿Eres tú dueño sobre eso, o te domi­nan? Spurgeon contaba que podía fumar un cigarro oca­sional para la gloria de Dios, pero muchos cristianos que fuman quedan esclavizados por el tabaco. Supongo que la actitud del cristiano aquí es o bien la moderación o bien la abstinencia. Pero luego debemos tener en cuenta la segunda cuestión. ¿Qué pensarán los demás? ¿Será para gloria de nuestro Maestro, o no? Un amigo con quien estaba hablando recientemente me contó que había sido fumador en cadena y bebedor fuerte, y que lo dejó por completo cuando se convirtió a Cristo. En la compañía de construcción donde trabajaba se asombraron de en­contrar en él a un verdadero cristiano. Pero habiéndole encontrado tal, se hubiesen sentido aún más asombrados si hubiese seguido bebiendo y fumando. Así que para él hubiese estado mal continuar haciéndolo. Tú y tus cir­cunstancias podéis ser diferentes. Es algo en lo que debes poner a Cristo delante, y dejar que él te conduzca.

En realidad, la cosa se reduce a esto: ¿De dónde re­cibes tus estímulos? ¿De Cristo, o de las drogas, del al­cohol y los cigarrillos? Si estamos altos en la realidad, la realidad de Cristo como amigo nuestro, desde luego no nos permitiremos quedar esclavizados por ninguna de estas cosas. Puede que las usemos ocasionalmente cuan­do las circunstancias sean oportunas. Pero extraeremos nuestro principal estímulo de otra parte. Escucha a Pablo otra vez:

«No bebáis vino en demasía, porque hay mu­chos males por ese camino; más bien sed llenos del Espí­ritu Santo, y controlados por él, cantando y haciendo melodía en vuestro corazón al Señor.»

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