Qué dice Dios y la Biblia sobre el Suicidio a los Cristianos

—Ya no aguanto más esta situación, quiero quitarme la vida. Por favor ya no me llames, no hay nada que puedas hacer o decir, ya lo decidí.

Esas fueron las palabras de Blanca, cuyo nombre es ficticio, pero su historia es real. Entre llanto y desesperación llamó a mi teléfono a eso de las cuatro de la tarde y terminó su llamada con las palabras “ya lo decidí”, las cuales apuñalaron mi corazón.

A pesar de ser parte de nuestra congregación, Blanca había decidido terminar con su vida después de meses de depresión por no encontrar salida a sus problemas. Con apenas 20 años de edad, una hija de cuatro años, el corazón destrozado por relaciones amorosas fallidas y sin empleo, ni familia, ni esperanzas de salir de ese hoyo en que se encontraba, había optado por detener su vida violentamente.

Estadísticas del Suicidio

Como el caso de Blanca hay muchos, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de 800,000 personas se suicidan cada año en el mundo, es decir, que una persona se quita la vida cada 40 segundos. Esto es alarmante, tomando en cuenta que quienes lo hacen son cada vez más jóvenes.

suicidio, estudio biblico, DiosOtro dato aterrador es que por cada persona que se suicida, se estima que hay 20 que lo intentan pero no lo logran.

Si bien el suicidio no es un algo nuevo, es sorprendente lo acelerado que crece su práctica en todas partes del mundo. Podría pensarse que en los países desarrollados este tema no es tan relevante debido a los ingresos elevados y acceso a mayores beneficios por parte de sus habitantes, sin embargo, la tasa de suicidios en Estados Unidos creció un impresionante 24% en 15 años, entre 1999 y 2014, según un informe del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés).

Aparte de Estados Unidos, países como Canadá, Suiza, Japón, entre otros, tienen elevados índices de suicidios a pesar de pertenecer al denominado primer mundo.

Causas del Suicidio

Entre las muchas causas de este flagelo se encuentran lo que la OMS cataloga como enfermedades mentales, entre ellas, la depresión y los trastornos causados por el alcohol, así como el abuso de sustancias, la violencia, las sensaciones de pérdida y últimamente se ha agregado el efecto de internet y las redes sociales.

A pesar de que se pueden catalogar las causas y emprender planes de acción gigantescos para prevenir el suicidio, aquellos que hemos sido tocados por el evangelio de Jesucristo sabemos perfectamente que ésta problemática tiene su raíz en el pecado que oprime al ser humano que vive sin Dios.

Es esa inclinación al mal, propia de una naturaleza caída, la que lleva a las personas a convertirse en víctimas de ese mal y sucumbir ante la tentación de quitarse la vida buscando descanso para sus almas tan atormentadas, dejando de lado el hecho de que, el único que puede traer paz y descanso al alma es Jesús por medio del perdón de nuestros pecados.

Qué Dice la Biblia sobre el Suicidio

Si vemos, por ejemplo, algunos casos de suicidio en la Biblia como el de Saúl (1Crónicas 10:4) o el de Judas (Mateo 27:3-5), entre los más conocidos, podemos observar que fue su corazón y su inclinación al mal lo que terminó llevándolos a tomar tal decisión. Algunos argumentan que el caso de Sansón es también uno de suicidio visto de manera positiva (Jueces 16:30), pero a lo largo de la historia de Sansón podemos ver que se encontró en esa situación debido a sus malas decisiones en abierta oposición a la voluntad de Dios. Este suceso, que marca el final de la vida de Sansón, deja ver, más bien la misericordia de Dios para este personaje quien llevó una vida desordenada, que la aprobación de un modelo a seguir para su pueblo.

Aunque no haya mandamientos que hablen expresamente del suicidio en la Biblia, podemos afirmar que no es el deseo de Dios que las personas se suiciden y que además está en contra de tal acto. Lo anterior es un hecho, sobre todo si tenemos en cuenta las direcciones hacia las que debe estar enfocado nuestro amor según lo dicho por Jesús en Marcos 12:37-40: en primer lugar hacia Dios, luego hacia uno mismo y por último hacia los demás. Una persona que opta por el suicidio está demostrando su falta de amor en las tres direcciones, hacia Dios por cuanto va en contra de Su voluntad, a sí mismo por cuanto hace daño a su cuerpo y alma, y hacia su prójimo por cuanto deja una estela de sufrimiento e incertidumbre en sus seres queridos.

Aparte del extracto del decálogo que dice “No matarás”, el cual se infiere para la vida propia y no solamente para las vidas de otros en el Antiguo Testamento, también vemos en el Nuevo Testamento algunos argumentos respecto al tema. En Hechos 16, específicamente a partir del versículo 11, se narra el episodio de cuando Pablo y quienes le acompañaban en su segundo viaje misionero, fueron encarcelados en Filipos. Tras ser liberados de forma milagrosa, el carcelero romano al verlos decidió en ese momento suicidarse, ya que tendría que dar cuenta de sus prisioneros.

Aquel suceso, en vez de terminar en tragedia terminó con un hombre pagano convertido al cristianismo. Dios usó un momento de angustia del carcelero, casi al borde del suicidio, para hacerle ver por medio de Pablo que Su voluntad era diferente. No hay registros de que el evangelio hubiera sido predicado en aquella región antes de este hecho, pero fue el milagro y la posterior presentación de las buenas nuevas, lo que abrió paso al evangelio entre los gentiles.

La desgracia y la desesperanza pueden convertirse en algo maravilloso si dejamos que Dios obre en nosotros o a través de nosotros.

Conclusión

Alguien dijo: “los suicidas sí le temen a la muerte, pero le temen más a seguir viviendo”. Retomando esa idea, podemos concluir que lo que necesitan las personas que desean quitarse la vida es algo que les dé esperanza de seguir viviendo, algo que pueda hacer que cambie, si no su entorno, al menos su interior; algo que les capacite para vencer el miedo a seguir viviendo.

Ese algo lo encontramos en Dios. Por medio del perdón que Dios nos ofrece a través de Jesucristo podemos tener una esperanza, no solo para esta vida, sino para la vida después de la muerte.

No nos compete a nosotros decidir si alguien que se quita la vida va al infierno o no, como no nos compete saber si alguien es un verdadero cristiano o no, muy a pesar de su conducta y frutos, ya que es solamente Dios quien pesa los corazones y quien nos juzgará en su determinado momento. Lo que sí nos compete es mostrar el evangelio a cuantas personas podamos, con tal de que vengan al arrepentimiento y puedan encontrar el perdón para sus pecados, e iniciar así una vida nueva, con propósito y esperanza.

Ya sea que hayamos lidiado personalmente con ideas suicidas, o que nos toque aconsejar a alguien que las tiene, debemos recordar que es la exposición al evangelio y el trabajo del Espíritu Santo en la vida del hombre, lo que realmente puede hacernos cambiar de parecer.

Si estamos atravesando un momento amargo en nuestra vida y nos encontramos luchando con la idea de suicidarnos, pidamos a Dios que obre en nuestra mente y corazón para alejar esos pensamientos y tratemos de sustituirlos por Su bendita Palabra. Si estamos aconsejando a alguien que pasa por esto, oremos para que Dios haga lo mismo en esa persona, al final, no será lo que digamos ni cómo lo digamos lo que cambie el corazón de alguien, sino la convicción que pueda generar el Espíritu Santo en esa persona.

Es tarea de todo cristiano mostrar el evangelio a aquellos que ya no tienen fuerzas ni esperanzas y mostrarles que en Jesús hay perdón, paz para sus almas y una vida nueva llena de esperanza y sentido. Esto podemos mostrarlo predicando con nuestra vida o con nuestra boca y orando fervientemente por aquellos que flaquean, sean cristianos o no, para continuar así el ministerio de Jesús revelado en Lucas 4:16-21.

Blanca, la de mi congregación, pudo vencer al suicidio. Consiguió casarse con un buen hombre y viven con su hija como una familia cristiana. Si alguien le hubiera dicho cómo estaría ahora, diez años después de aquel tiempo, probablemente no lo hubiera creído, así como puede que ahora no creamos que Dios puede hacer algo bueno con nosotros. Le dije muchas cosas que ahora no recuerdo, pero lo que sí hice con todas mis fuerzas, fue orar para que Dios interviniera en su vida y así lo hizo, por Su misericordia y para Su gloria.

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