La Oración, la Comunión con nuestro Padre – Estudio Bíblico

La Biblia nos enseña a permanecer en comunión con nuestro Padre celestial, constantes en la oración:

Gozosos en la esperanza;  sufridos en la tribulación;  constantes en la oración. Romanos 12:12

Daniel nos da un modelo de como debe de ser nuestra oración:

Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos. Daniel 9:3-4

El escuchará nuestra oración:

Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti. 1 Reyes 8:28

Cuando oremos no dudemos:

Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. Santiago 1:6

Porque Dios nos concederá lo que le pedimos, si lo hacemos con fe:

Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. Mateo 21:22

Toda oración debe modificar mi vida. Cada palabra que digo a Dios, o que escucho de Él, marca un progra­ma para mi existencia.

oracion, pasos, biblia, adoracionEn realidad a medida que crezco en la oración, debo ir creciendo en mi relación con el Señor, pues no es posible que me aproxime al fuego del amor divino sin que se vayan un cambio en mi ser, sin que haya cambio en mi vida.

Además, al escuchar lo que Dios me dice, y al ser consciente de cuanto yo digo al Señor, me veo obligado a practicarlo, pues de no hacerlo mi diálogo con el Señor sería inútil. En efecto, para qué desear oír a Dios, ¿si no obedezco lo que El quisiera decirme? ¿Y para qué reci­tar promesas al Señor, si no tengo el ánimo de realizar­las? Una oración sincera debe desembocar en la acción. Debe llevarnos a quitar los obstáculos existentes en nuestra vida para que Dios esté con nosotros, debe com­prometernos en la construcción del Reino de los cielos, debe impulsarnos al servicio de nuestros hermanos los hombres. Nuestro carácter cristiano tiene que ser más parecido al de Jesús. Tiene que haber un cambio en nosotros.

Debemos de estar dispuestos a amar a nuestros semejantes y a servirles. A trabajar en la obra de Dios, a ser diferentes. La oración debe de provocar un cambio en nuestras vidas. Debemos aprender a ser leales con el Señor, a cumplir nuestros promesas.

Si hemos suplicado favores por los demás, y estamos seguros de que Dios nos escucha, seremos los primeros en facilitarle a Dios que derrame sus bendiciones sobre aquellos por quienes oramos: así, si pedimos por un en­fermo, terminada la plegaria, podemos ir a visitarle; si nos interesamos ante Dios por un pobre, podemos ayu­darle según nuestras posibilidades; si le ofrecemos al Señor la jornada, tendremos que ocuparla en su servi­cio, sin escatimar momento ni recuperar lo que ya en­tregamos.

Así nuestra vida ya no estará basada solo en palabras, sino en acción, y pasa al ámbito de las realidades; deja de gravitar alrede­dor de nuestro propio egoísmo, y se abre al ámbito de Dios y de los hermanos.

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias. Colosenses 4:2

Debemos de permanecer en comunión con nuestro Padre por medio de la oración.

Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador. 1 Timoteo 2:1-3

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