La Oración: Palabras y Actos – Estudio Bíblico

Los términos con que designamos el diálogo con Dios aluden primordialmente a las voces pronunciadas. “Orar” es una palabra derivada del vocablo latino “os” que sig­nifica “boca”. “Rezar” es una abreviación de “recitar”, o sea, volver a decir, volver a citar.

Pero el diálogo con Dios y con los hombres es algo más que un sonido.

El lenguaje expresivo se compone de palabras y de ac­tos, de silencios y de actitudes, de lágrimas y de sonrisas, de aplausos y de evasivas.

Los hombres pueden hablar con la voz y con la vida. Entre los actos y las palabras se debe dar una estrecha relación. La vida de quien ora ha de ratificar sus pala­bras. Si esto no se da, las palabras se van devaluando co­mo las monedas de los países pobres, que aunque se cuenten por miles, poco valen.

Orar con los actos de la vida es ser uno mismo ante Dios, es estar de acuerdo con lo que el Espíritu que ha­bita en nuestro corazón suscita cada día.

oracion, palabrasExpresarse en actos es obtener el máximo rendimien­to de los dones que Dios nos dio, para que produzcan siquiera sea el uno por ciento, en favor de nuestros her­manos.

Hablarle en actos a Dios es considerarse a sí mismo como ofrenda espiritual, grata al Padre, unida a Cristo y transformada por la acción del Espíritu.

Orar con palabras y con obras es enraizar plenamente la oración en la existencia. Quien así obra no es un eva­dido de los problemas del mundo sino un comprometido con Dios y con la historia.

De nadie se podrá decir que al hablar con Dios se inhi­be para ocuparse de las cosas cotidianas, o que si se ocu­pa de los quehaceres diarios se inhabilita para pensar en Dios. Quien no baila a Dios en la vida, tampoco le en­cuentra con autenticidad en la palabra y viceversa.

Quienes se evaden del mundo terminan por encontrar­se también alejados de Dios, y quienes se evaden de Dios, so pretexto de comprometerse en la construcción del mundo, terminan trabajando en contra del hombre.

La oración cristiana no es mera palabrería, sino pala­bra y acción, idea y compromiso.

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