La Palabra y la Oración – Estudio Bíblico

Para orar hay que saber hablar (no necesariamente porque hasta los mudos pueden orar y hablar con Dios)

En este estudio le daremos un énfasis especial al uso del lenguaje hablado que aprendemos durante nuestras vidas, el cual nos da la facultad de poder hablar con Dios.

Cuando estábamos pequeños nuestros padres nos enseñaron a hablar. Amorosamente dedicaron tiempo para ayudarnos a pronunciar las primeras sílabas, las más sencillas, las más llenas de cariño. Nos enseñaron a decir las palabras elementales; papá, mamá… Esas voces nues­tras llenaron de alegría el hogar. Fueron nuestro primer examen ganado, la primera lección que dimos bien. Así comenzó la escuela de la vida.

Al repetir esas voces y combinarlas con otras nos fui­mos apoderando del mundo. Lo que veíamos recibía un nombre, y aquello cuyo nombre ignorábamos era como si no existiese para nosotros.

Del vocabulario de un hombre depende la visión que tiene del mundo. Por eso un idioma que uno aprende le añade nuevos matices al modo de vivir. Las palabras in­fluyen en nuestros gustos, en nuestras lecturas, en nues­tras ocupaciones, y viceversa: Cuanto hacemos nos mar­ca con un vocabulario especial. Es diferente el modo de hablar de un soldado y el-de un industrial, el de un deportista y el de un teólogo.

oracion, orar, cruz, Dios, jesus, palabra, oraciónLo mismo puede decirse de la oración. Aprender a orar es captar el sentido de un vocabulario nuevo. Podemos decir que es un nuevo lenguaje, algo que nunca habíamos puesto en práctica. Es aprender a decir “Abba”. Es abrirse a una experiencia de alabanza, es exclamar con la voz y con el corazón: “Gloria a Dios y Aleluya”, es proclamar a “Jesús como Señor”.

Aprender a orar es aprender a usar nuestro nuevo lenguaje para saber pedir perdón, es necesario aprender a suplicar con fe, es dar gracias por todo sin cesar, es saber amar.

Si el hombre habla de lo que abunda en el corazón, y si no puede hablar cosas buenas, siendo malo (Mt. 12:34), debe cambiar su corazón para que en sus labios florezca la plegaria. Pero, igualmente al entrar en un am­biente de oración vivirá unos valores tales, y hablará de ellos, de modo que se le transforme el corazón.

¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. (Mateo 12:34-37)

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