Comentario 1ra Tesalonicenses Capítulo 4

Este es el estudio de 1ra Tesalonicenses Capítulo 4, que nos enseña el significado de cada versículo.

Instrucciones prácticas

Saulo de Tarso, apostol pablo, misioneroEn 1 Tesalonicenses 3:10 Pablo habló de completar “lo que falte a vuestra fe”. Esa expresión indica que, no obstante el gran gozo que había experimentado al recibir las buenas nuevas de Timoteo, observaba algunas deficiencias. Pensaba tratar esas cosas en la visita que deseaba hacer, pero evidentemente decidió no esperar. En los capítulos 4 y 5 de su primera carta tocó esos temas. Esta última parte de la carta podría llamarse “Instrucciones prácticas y exhortaciones”.

Conducta en términos generales 4:1-2. Los dos primeros versículos de esta porción hablan en términos generales acerca de la conducta cristiana (4:1–2). Pablo se dirige a los creyentes llamándolos “hermanos”, demostrando siempre que había una relación fraternal entre él y ellos. Usa dos verbos, rogamos y exhortamos, para transmitir su mensaje. Rogar indica solicitar en vez de imponer la autoridad, y es un verbo que se usaba en aquel entonces entre personas de igual rango

Otros ejemplos se encuentran en 1 Tesalonicenses 5:12; 2 Tesalonicenses 2:1 y Filipenses 4:3. Todas las referencias aparecen en cartas dirigidas a los de Macedonia, e indican la gran estima que Pablo tenía hacia ellos. Exhortar, como ya hemos observado en capítulos anteriores, lleva la idea de amonestar con urgencia. Pablo rogaba y exhortaba en el Señor Jesús, y no utilizaba su propia autoridad con aire de superioridad.

Después hace referencia a cosas aprendidas de los misioneros: “cómo os conviene conduciros y agradar a Dios” (4:1c y d). No sabemos exactamente qué cosas fueron enseñadas por Pablo y sus colegas, pero las podemos adivinar con alguna certeza. En 1:6 Pablo dice que los tesalonicenses habían llegado a ser “imitadores de nosotros y del Señor”. Además de la bienvenida dada a la palabra (1:6) y del fervor misionero mencionado en 1:7–9, podemos deducir que imitaban también la conducta de los misioneros que Pablo describió como irreprensible (2:10).

La expresión (“cómo os conviene conduciros”) usada en nuestra versión, deja algo que desear. Mejor sería cómo debéis conduciros. La buena conducta es un deber. No es opcional. “Conducir” viene de una raíz griega que quiere decir andar.Colosenses 2:6 dice: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él. Efesios 4:1 enseña: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”.

Se supone que los tesalonicenses habían recibido enseñanzas parecidas a éstas, y por consiguiente, sabían cómo debían vivir.

La meta principal de su andar era agradar a Dios. Pablo ya había dicho que esa era su meta (2:4), y debe ser la meta de todos los cristianos. Los tesalonicenses debían abundar más y más en las cosas que agradaban a Dios.

En 4:2, Pablo hace referencia a instrucciones que les dieron por el Señor Jesús, y añade que los tesalonicenses ya tenían conocimiento de dichas instrucciones. En el original, “instrucciones” es un término militar. No es un simple ruego. Es una ordenanza proveniente no de un ser humano, sino de nuestro Capitán, el Señor Jesús. Es menester obedecerle como fieles soldados de Cristo. El llamado a la santidad no es opcional. Es un imperativo.

Apartaos de la fornicación 4:1-8. La exhortación de Pablo es clara. “La voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (4:3). La santificación quiere decir vivir separados o apartados, e implica separación del mundo hacia Dios. Tiene tres aspectos. Fuimos separados para Dios para ser salvos desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:3–6). Este aspecto de la salvación llegó a ser efectivo cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador.

La segunda fase de la santificación está llevándose a cabo en la actualidad y tiene que ver con nuestra continua separación del sistema mundanal y nuestro crecimiento en santidad hacia Dios. El último aspecto se cumplirá cuando venga Cristo y nos haga tal como él es en cada aspecto de nuestro ser (1 Juan 3:2). Sin lugar a duda, en 4:3 Pablo se refiere al segundo aspecto de nuestra santificación.

En griego, la palabra fornicación viene de porneiay abarca todos los aspectos de inmoralidad sexual. Los creyentes tesalonicenses no disfrutaban del mismo contexto moral que los judíos. En el judaísmo había leyes claras en contra de la fornicación y castigos bien definidos para los culpables. Pero en la cultura y aun en la religión de los gentiles se practicaba la prostitución abiertamente como cosa legítima y muchas veces como un rito de sus cultos.

De modo que era necesario enseñar a los creyentes acerca de la pecaminosidad de la fornicación y exhortarles a apartarse de ella.

En la Versión Reina Valera 1960, 1 Tesalonicenses 4:4 dice de la manera siguiente: “que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposaen santidad y honor”. La Biblia de Las Américas tiene una traducción más fiel del griego y dice: “que cada uno de vosotros sepa como poseer su propio vasoen santificación y amor”.

La palabra griega es skeúos, y consistentemente su traducción es vaso, como hacen constar los siguientes pasajes (2 Corintios 4:7 y 1 Pedro 3:7). La inserción de la palabra esposaen la Versión Reina Valera es una interpretación y no una traducción.“Vaso” hace referencia al cuerpo de uno, y la enseñanza es evidente.

Cada uno debe usar su cuerpo en santificación y amor. Si se usara esposa,parece que la aplicación se limitaría a hombres casados, y los solteros y las mujeres quedarían al margen de la prohibición de involucrarse en la fornicación. La sugerencia es improbable, porque la exhortación se aplica igualmente a esposos y esposas, a solteros y solteras.

 “La voluntad de Dios” se expresa en forma positiva en 1 Tesalonicenses 4:4. En cambio, su énfasis es negativo en el versículo 5: “no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios”. La concupiscencia es un deseo sexual desordenado. Pablo dice que no debemos entregar nuestro vaso o cuerpo a la satisfacción de tales deseos.

El impulso sexual es más fuerte en algunos que en otros. San Pablo instruyó en 1 Corintios 7:2 “pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido”. El significado es que el deseo sexual ha de satisfacerse dentro del matrimonio, y aun allí la concupiscencia no debe controlarnos.

No todos tienen el don de continencia (1 Corintios 7:9). Pero supongamos que sea difícil si no imposible encontrar esposa o esposo. ¿Qué se puede hacer? El cristiano debe entregarse a la santidad y honor (4:4) y no a una pasión de concupiscencia (4:5a). Los gentiles se gobiernan por sus deseos sexuales en forma desenfrenada.

La enorme diferencia entre ellos y nosotros los creyentes es que “no conocen a Dios” (4:5b), pero nosotros sí lo conocemos. Hemos sido regenerados por él, y su poder nos hace más que vencedores por la sangre bendita de su Hijo Jesucristo.

Consideración para con el hermano 4:6. La instrucción de 4:6 comienza así: “que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano”. Esta prohibición también tiene que ver con la orden de apartarse de la fornicación. El uso de “hermano” aquí no se limita a los hermanos en Cristo ni a los hermanos de sangre de la familia. Se refiere más bien al prójimo. Además de poseer su propio cuerpo en santidad y honor (4:4), debemos pensar en el prójimo.

Los judíos entendían perfectamente bien la enseñanza de Éxodo 20:17: “No codiciarás la mujer de tu prójimo”. Ya era tiempo de que los gentiles creyentes recibiesen la misma instrucción.

Algunos opinan que la advertencia se refiere a la otra persona involucrada en un acto de inmoralidad. El iniciador sería el más culpable, pero ambos incurrirían en el castigo de Dios. “Porque el Señor es vengador de todo esto” (4:6b). Los hermanos tesalonicenses ya habían sido informados acerca de ese aspecto del carácter de Dios (4:6c).

No nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación 4:7. En esta sección (4:6–7) Pablo da dos razones por las que el creyente debe evitar la inmoralidad sexual. La primera razón mira hacia el futuro, e invoca el juicio de Dios sobre todo pecado (4:6c).

La segunda razón echa una mirada hacia atrás y enfoca el llamamiento de Dios para el cristiano (4:7). No hemos sido llamados a inmundicia, sino a santificación. Por lo tanto, debemos andar como es digno de nuestra vocación.

Advertencia para no desechar esta enseñanza 4:8. En el versículo 8, Pablo concluye su enseñanza acerca de la pureza moral haciendo una advertencia y una provisión. Primero, les advierte que no desecharan su enseñanza porque provenía de Dios (4:8ª) y recordó a los creyentes que no estaban solos.

Dios nos ha dado a su Espíritu Santo (4:8b). El que es santo y también poderoso, vive en nosotros permanentemente para recordarnos que hemos de vivir en santidad de vida y que él puede ayudarnos a vencer los deseos ilícitos de nuestro cuerpo.

Abundancia en el amor fraternal 4:9-10. No era necesario que Pablo enseñara a los tesalonicenses acerca del amor fraternal, porque habían aprendido esa lección directamente de Dios (4:9). Hay ciertas cosas innatas en el nuevo hombre. El amor fraternal es una de ellas, y es una prueba de que uno ha nacido de Dios (1 Juan 3:14).

Los creyentes ya practicaban el amor fraternal, y fueron elogiados por Pablo por su generosidad (1 Tesalonicenses 1:3 y 2 Corintios 8:1–5). Pablo no les está enseñando una cosa nueva aquí, sino que les estaba rogando “que abundaran en ello más y más” (4:9b).

Ocupaos en vuestros negocios 4:11-12. Había otra deficiencia evidente entre los tesalonicenses. Algunos habían llegado a estar intranquilos y ociosos. No se nos explica la causa de su intranquilidad, pero es posible que hubiera una relación estrecha entre ambas cosas. El que se entrega a la ociosidad se intranquiliza a sí mismo, y es una distracción para otros.

Puede ser que la ociosidad tuviera relación con el amor que las personas más prósperas de la iglesia mostraban a los demás. Su generosidad ya era evidente, y habían recibido elogios por parte de Pablo (1:3). Quizá algunos pensaran: “El amor en nuestra iglesia es extraordinario. Hay tanta provisión para las necesidades de la vida, que no hay por qué trabajar”.

También existe la posibilidad de que algunos, esperanzados en la venida de Cristo, hubieran decidido dejar de trabajar, porque Cristo vendría en cualquier momento. Una de las artimañas del diablo es tergiversar las verdades preciosas de la palabra de Dios a tal extremo, que algunos creyentes abandonan el equilibrio espiritual, se desvían del Señor y causan intranquilidad en la iglesia. Seguramente eso es lo que pasó en Tesalónica.

Que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios 4:11. La Biblia tiene mucho que decir acerca de la ociosidad o pereza y el trabajo. Las siguientes citas dan luz sobre el asunto: Proverbios 12:24; 18:9; 21:25; 22:29 y 26:13–15. En 1 Tesalonicenses 4:11, Pablo amonesta a los tesalonicenses a trabajar con sus propias manos de la manera que él les había mandado.

Evidentemente, cuando estuvo en medio de ellos les instruyó en cuanto al valor del trabajo o les había enviado una razón con Timoteo. El trabajo es digno y debe ser ensalzado y practicado por parte de los cristianos.

No tener necesidad de nada y conducir honradamente 4:12. El trabajo refuerza nuestro testimonio ante los no creyentes y es el instrumento que Dios usa para proveer todo lo que necesitamos.

La esperanza de la iglesia

Por el contenido de este pasaje se deduce que después de la visita de Pablo, murieron algunos de los creyentes de Tesalónica. Los creyentes sobrevivientes estaban preocupados por el estado de sus hermanos muertos cuando se realizara el arrebatamiento de la iglesia.

Pablo había predicado acerca de la resurrección en su ministerio inicial allí (Hechos 17:1–4), de modo que es muy probable que creyeran en la resurrección y el arrebatamiento de la iglesia, pero algunos detalles no estaban claros en su mente. Por consiguiente, había preguntas que revelaban otra deficiencia en su conocimiento, y Pablo se propuso completar lo que faltaba a su fe (3:10).

El problema explicado 4:13. No deseaba el apóstol que los hermanos ignorasen acerca de los que dormían. El uso del verbo “dormir” aquí no tiene nada que ver con el sueño natural. Es un eufemismo para referirse a la muerte. Cristo usó la misma metáfora acerca de la muerte de Lázaro en Juan 11:11: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle”, pero dijo claramente en 11:14: “Lázaro ha muerto”.

Tampoco tiene que ver con el sueño del alma en la tumba. Tan pronto como un creyente muere, su alma se aparta de su cuerpo para ir a estar con Cristo. 2 Corintios 5:8 expresa el anhelo de todo cristiano: “pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor”.

La confusión acerca del estado de los muertos en Cristo presentaba otra posible consecuencia, la tristeza. El siervo de Cristo deseaba evitar que los cristianos se entristecieran “como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13b). De ninguna manera aconseja Pablo que el cristiano reprima toda su tristeza cuando muere un ser querido que es creyente.

Es cosa bien sabida que emocionalmente, es saludable expresar la tristeza causada por la muerte. Lo que tenemos aquí es un contraste entre el creyente y el no creyente. El que no conoce a Cristo se entristece en forma desesperada. El cristiano se entristece, pero tiene esperanza. La muerte del creyente no significa una separación permanente. Nos volveremos a ver, y estaremos siempre juntos con el Señor.

Una respuesta parcial 4:14. En el versículo 14, Pablo comienza a infundirles esperanza basándose en hechos históricos. Primero, apela a la muerte y resurrección de Cristo. La expresión “si creemos que Jesús murió y resucitó” no es condicional. Es más bien una afirmación, y se podría leer “Puesto que creemos que Jesús murió y resucitó”. Los creyentes de Tesalónica no dudaban de tales hechos.

De modo que la expresión siguiente debió aliviar en gran escala su preocupación por sus hermanos muertos: “Así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”. Este versículo tiene en mente las almas de “los que durmieron en él”. El regreso con Cristo de los creyentes muertos es tan seguro como la muerte y la resurrección del Señor.

Seguridad que convence 4:15. En 4:15, el enfoque de Pablo cambia del cielo a la tierra. Las almas de los creyentes muertos vendrán con Jesús en el aire, pero ¿qué estará sucediendo en la tierra? ¿Serán arrebatados primero los creyentes vivos o serán resucitados primero los que duermen en Jesús? La contestación es clara y convincente. “Nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron”. Los que durmieron en Jesús serán resucitados primero.

El apóstol tenía la esperanza de ver al Señor y ser arrebatado sin pasar por la muerte. Él usó la primera persona plural y el tiempo presente del verbo vivir, incluyéndose a sí mismo entre los vivos, porque esperaba ver al Señor descender del cielo con sus ojos. Esto se llama la venida inminente de Cristo, e indica que él puede venir en cualquier instante para arrebatar a su iglesia sin esperar el cumplimiento de las señales.

Los tesalonicenses tenían la misma esperanza, según se hace constar en 1 Tesalonicenses 1:9–10: “cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera”.Ellos no esperaban la muerte, sino la venida de Cristo. Esa debe ser la expectación de todos los creyentes de todas las épocas.

La venida de Cristo 4:16a–d. Nunca debemos perder de vista que es el Señor mismo el que descenderá del cielo. Esta esperanza la hemos tenido desde su ascensión a la diestra de su Padre. La promesa de los dos hombres vestidos de blanco fue acertada: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11).

Infortunadamente, tendemos a hacer más hincapié en volver a ver a nuestros seres queridos que en ver a nuestro Señor Jesucristo, al cual amamos sin haberlo visto (1 Pedro 1:8). Él es quien murió por nosotros, habiéndonos amado cuando aún “eramos pecadores” (Romanos 5:8). A él le debemos todo lo que somos por su gracia. Debemos amar su venida y anhelar el momento glorioso en que lo veremos con nuestros ojos.

La corona de justicia se dará “a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8). Unámonos hermanos a los creyentes tesalonicenses en “esperar de los cielos a su Hijo… Jesús” (1 Tesalonicenses 1:10). La reunión con los creyentes muertos será especial, pero ¡qué gozo el nuestro de ver a Cristo primero!

Con voz de mando 4:16b.No se sabe si esa voz provendrá de él o de un ángel. Lo que sí es cierto es que su venida será acompañada de una voz de mando. La expresión que se usa en griego es un término militar, y puede referirse a la orden dada por un oficial a sus soldados. En este caso, ya sea que venga directamente de la voz del Señor o de uno de sus subordinados, es una orden que proviene de nuestro jefe supremo para despertarnos a que esperemos su venida. Seguramente, esa voz se oirá por todo el mundo.

Con voz de arcángel 4:16c.La Biblia únicamente menciona a un arcángel: Miguel (Judas 9), pero eso no indica dogmáticamente que no hay otros. El artículo de 1 Tesalonicenses 4:16 es indefinido, mientras que el de Judas 9 es definido, dando lugar a la posibilidad de que no sea Miguel el que se menciona en 4:16. No podemos ser dogmáticos cuando la Biblia no aclara una cosa. Lo que es cierto es que será una voz de arcángel que también se oirá por todo el mundo, la cual anunciará la llegada de Cristo en el aire.

Con trompeta de Dios 4:16d.La trompeta se ha usado a través de los siglos para convocar a la gente a reuniones especiales. Ese será su uso en aquel instante. Cristo descenderá en el aire para recibir a su iglesia, y la trompeta sonará para convocar a los muertos en él a que resuciten y a los vivos en él para que sean transformados y arrebatados con los resucitados para recibirle en el aire.

Las tres cosas, la voz de mando, la voz de arcángel y la trompeta de Dios, tienen el mismo propósito: anunciar la venida de Cristo en el aire y convocar a su iglesia para reunirse con él en el aire.

La resurrección de los muertos en Cristo 4:16e.Inmediatamente después del anuncio del descenso de Cristo en el aire, “los muertos en Cristo resucitarán primero” (4:16e). En la respuesta parcial de 4:14 se deduce que las almas de los creyentes que durmieron en Jesús vendrán con él en su regreso, pero no se dice nada acerca de sus cuerpos.

En 4:16e la respuesta es más completa. Sus cuerpos se unirán con sus almas, y este acontecimiento glorioso precederá al arrebatamiento de los vivos. Primera Corintios 15 da más detalles acerca del cuerpo resucitado. Será un cuerpo incorruptible (15:53), inmortal (15:53), glorioso (15:43) y poderoso (15:43).

Filipenses 3:20–21 agrega: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”.

Vale la pena decir algo acerca de la identidad de “los muertos en Cristo”.

¿Quiénes son? ¿Se incluye en ese grupo a todos los justos del Antiguo y del Nuevo Testamento? ¿Se limita únicamente a los que han creído en Cristo? Existen varias opiniones, pero lo más probable es que sean únicamente las personas que han depositado su fe en el Cristo muerto y resucitado de la tumba. La expresión “en Cristo” nunca se usa para referirse a los santos que vivieron antes del comienzo de la iglesia en el día de Pentecostés.

El Antiguo Testamento coloca la resurrección de Israel después de la gran tribulación (Daniel 12:1–3).

El arrebatamiento de la iglesia 4:17

Inmediatamente después de la resurrección de los muertos en Jesús, los que hayamos quedado vivos “seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire” (4:17a). Es evidente que el lapso de tiempo entre los dos acontecimientos es muy breve.

Seremos arrebatados “juntamente con ellos”. Primera Corintios 15:52 indica que ambos eventos ocurrirán en un abrir y cerrar de ojos. Los vivos en Cristo no pasaremos por la muerte (1 Corintios 15:51). La descripción dada anteriormente a los cuerpos resucitados se aplica a los cuerpos de los vivos, que no morirán, sino que serán transformados por el poder de Cristo en su venida (1 Corintios 15:51).

La reunión con el Señor se llevará a cabo en el aire (1 Tesalonicenses 4:17a). Es importante distinguir entre su venida para llevar a su iglesia y su venida para reinar. En el arrebatamiento, sus pies no tocan la tierra. Ese evento gloriosísimo sucederá completamente en el aire. En su venida para reinar “se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos” (Zacarías 14:4).

Nuestra reunión con el Señor durará para siempe (1 Tesalonicenses 4:17b). Del punto de la reunión con él en el aire seremos llevados para estar con él en el cielo.

Consolación expresada 4:18. En San Juan 14, en un contexto relacionado con la partida de nuestro Señor Jesucristo, él dio a sus discípulos uno de los pasajes más famosos acerca de su ministerio actual y su regreso por los suyos. El Señor introdujo la enseñanza con la siguiente exhortación: “No se turbe vuestro corazón” (Juan 14:1). Enseguida, dio su promesa de ir a prepararles lugar (14:2) y volver a llevarles dónde él estuviera (14:3). Sin lugar a duda, se sintieron muy consolados por esas bellas palabras salidas de la boca del Señor.

En 1 Tesalonicenses 4:13–18 tenemos una escena parecida. Se trata de la ausencia de unos creyentes en el Señor, de las promesas de Pablo en el sentido de que regresarían con Cristo en su venida, que antecederían a los vivos en la resurrección y tanto ellos como los arrebatados tendrían un encuentro glorioso con el Señor en el aire, para estar con él para siempre.

Tales palabras son promesas muy alentadoras que calman y consuelan el corazón de los creyentes. Con razón Pablo terminó su instrucción con las siguientes palabras:

POR TANTO, ALENTAOS LOS UNOS A LOS OTROS CON ESTAS PALABRAS (4:18).

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