Comentario del Cap. 2 de Eclesiastés

Eclesiastés

 Bosquejo 

       1 – La vanidad de las obras humanas para complacer los sentidos.

       12- Aunque el sabio sea mejor que el necio, ambos tendrán un mismo fin.

       18- La vanidad del esfuerzo humano, pues todo pertenecerá a desconocidos.

       24- Nada mejor que gozarnos en comer y beber para vivir, y en nuestro trabajo, lo cual es don de Dios.

 Versión Reina Valera

1.      DIJE yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

2.      A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?

3.      Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.

4.      Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas;

5.      me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.

6.      Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.

7.      Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.

8.      Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.

9.      Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén;  a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.

10. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo;   y esta fue mi parte de toda mi faena.

11. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

12. Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.

13. Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas.

14. El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro.

15. Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí.  ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.

16. Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.

17. Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa;  por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.

18. Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí.

19. Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.

20. Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.

21. ¡Que el hombre trabaje con sabiduría,  y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.

22. Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol?

23. Porque todos sus días no son sino dolores,   y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.

24. No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios.

25. Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo?

26. Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios.  También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

                                                                             Comentarios

Dije yo en mi corazón. 

    Es decir, «me dije». Aquí Salomón razona acerca de los deseos físicos y su satisfacción. Este soliloquio equivale a un acto de la voluntad. Compárese con el caso del rico que hablaba consigo mismo (Luc. 12: 17-19).

Te probaré. 

    En otras palabras, «haré una prueba» o «experimento» para descubrir los resultados de cierta forma de conducta.

Alegría. 

     La voz hebrea tiene un significado amplio: «gozo», «alborozo», «jovialidad», todo lo que proporciona placer. Aquí se restringe a las emociones y a los apetitos despertados al participar en placeres terrenales, aunque en otros casos la palabra puede significar alegría y gozo religiosos.

Gozarás de bienes. 

    Heb. «mira lo bueno»; vale decir, «hártate de las buenas cosas de la vida».  En lenguaje actual habría dicho: «¡Diviértete!» Salomón se propuso beber a grandes sorbos los placeres que ofrece el mundo hasta saciarse, en un esfuerzo por encontrar una satisfacción duradera en ellos.

Risa. 

    Heb. Ñejoq. La palabra también significa «diversión» (Prov. 10: 23) y «escarnio» (Lam. 3: 14). La elección de diversiones y placeres sensuales como un medio para lograr finalmente la felicidad en la vida, representa un gran paso en el sendero descendente (ver PR 55, 56).

Enloqueces. 

    Heb. «sin sentido», «necio». Compárese con la palabra hebrea similar (cap. 1: 17).

Placer. 

    La palabra hebrea se usa para designar los placeres propios de un regocijo ostentoso y sensual, y los placeres comunes y lícitos. 1086

¿De qué sirve esto? 

    Heb. «¿qué hace esto?» ¿Qué efecto tiene? o ¿qué resultados proporciona?  Compárese con la oportuna pregunta de Pablo (Rom. 6: 2 1).

Agasajar mi carne con vino. 

    Mejor dicho, «vivificar mi cuerpo con vino». «Vino», Heb. yáyin (ver com. Gén. 9: 2 1; Núm. 28: 7). Se usa para describir las «libaciones» tanto del servicio del santuario como de los ritos paganos (Exo. 29: 40; Lev. 23: 13; Núm. 15: 5, 7, 10; 28: 14). «Agasajar» o «regalar» se traducen de un vocablo que literalmente significa «tirar» o «tironear» (ver Sal. 28: 3 -«arrebates»-; Ose. 11: 4 -«atraje»-). Dice, pues, Salomón: «Tiré de mi cuerpo con bebidas embriagantes», como si el cuerpo fuera un vehículo tirado por un caballo, usado este último como símbolo del vino.

Anduviese mi corazón. 

    Heb. «guiase». El mismo verbo se traduce como «llevar» y «guiar» (Deut. 4: 27; 28: 37; Sal. 48: 14; 78: 52; Isa. 49: 10). De acuerdo con la metáfora implícita, Salomón intentaba que su buen juicio le permitiera satisfacer todo apetito y entregarse a las pasiones con moderación. En otras palabras, al proyectar su experimento (ver com. vers. 1 ), no se proponía ser tan imprudente que cayera en excesos. Por supuesto, ésta es la intención de la mayoría de los que se entregan a los placeres sensuales; pero es un engaño fatal: no se puede usar con moderación lo que es malo en sí.

Necedad. 

    En este caso quizá signifique «lo que puede llevar al pecado» sin ser algo pecaminoso en sí mismo. Esto parece significar que Salomón se entregó a tales experiencias para disfrutar de ellas al máximo, con el propósito de aprender personalmente las satisfacciones que podían ofrecerle, pero sin permitir que lo dominaran.

 Hasta ver cuál fuese. 

    Salomón declara explícitamente su propósito. Nadie lo obligaba a portarse en esa forma tan arriesgada e insensata. Dios no podía alabarlo por hacer esto.

Hombres. 

    Heb. «adam, término genérico que incluye tanto a hombres como a mujeres (ver com. Gén. 1: 26; 3: 17; Núm. 24: 3).

Todos. 

    Heb. «número» o «cuento», de la raíz safar, «recontar», «contar», «relatar», 11 medir». El sustantivo sefer, «libro», deriva de la misma raíz.

Engrandecí mis obras. 

    Sin duda se refiere a la dimensión y al esplendor de los edificios que construyó, una fuente de complacencia más aceptable que la de los vers. 1-3 (ver 1 Rey. 7: 1; 9: 1).

Edifiqué para mí casas. 

    Salomón se dedicó mucho a edificar (1 Rey. 7: 1-12; 9: 15-19).

Viñas. 

    Compárese con Cant. 8: 1 1. La condición económica del pueblo común en los días de Salomón se indica en 1 Rey. 4: 25: «Cada uno debajo de su parra y deba o de su higuera».

Huertos. 

    Heb. «corrales» o «recintos», del verbo «encerrar», «rodear». Debido a que cabras, asnos y otros animales del Cercano Oriente pastan sin restricciones, es imposible tener un huerto sin un vallado fuerte y bien cuidado.

Jardines. 

    Heb. pardes, del persa pairi-daeza, que designaba los extensos jardines botánicos y zoológicos de los reyes persas (ver com. Gén. 2: 8). Un pardes era un coto real vedado, un corral o parque. «Paraíso» deriva de la forma griega de esta palabra -parádeisos-. Pardes aparece en Neh. 2: 8 como «bosque», y en Cant. 4: 13 como «paraíso». Ver com. Gén. 2: 8.

Árboles. 

    Es evidente que Salomón se entregó a un extenso programa de horticultura. Se especializó no sólo en «jardines», que llamaríamos parques, sino también en huertos de árboles frutales. Tenía un huerto real en las laderas de los montes del sur de Jerusalén (2 Rey. 25: 4), una viña en Bet-haquerem, «la casa del viñedo», identificada por algunos con Ain Karem, a unos 7 km. al oeste de Jerusalén (Jer. 6: 1), pero más recientemente con Ramet Rahel, a unos 4 km. al sur de Jerusalén; y otra en Baal-hamón (Cant. 8: 11).

Estanques. 

    La lluvia es insuficiente en Palestina (ver t. II, pág. 113; com. Gén. 12: 10). En esas regiones se necesita ahora, como en la antigüedad, el riego artificial. Los agricultores construían estanques o depósitos. «El estanque del Rey» (Neh. 2: 14) es llamado por Josefo «el estanque … de Salomón» (Guerra de los judíos v. 4. 2). Los llamados pozos de Salomón probablemente daten del tiempo de los romanos. El más grande medía aproximadamente 183 m (600 pies) por 63 m (207 pies), y 15 m (50 pies) de profundidad. Estos estanques se encuentran a unos 5 km. (3 millas) al sudeste de Belén. Salomón también puede haber construido viveros para peces, y 1087 criado varias clases de ellos (Cant. 7: 4). En vista de la escasez relativa de agua en el Cercano Oriente, es interesante notar que la palabra «estanque» se la deriva de la raíz «bendecir».

Siervos y siervas. 

    Se necesitaba un numeroso séquito de siervos y de obreros para atender los vastos proyectos de Salomón. La reina de Sabá quedó asombrada al ver la cantidad de empleados que había en los establecimientos de Salomón (1 Rey. 10: 5). Sin duda tenía esclavos que no eran hebreos (1 Rey. 9: 21; 2 Crón. 8: 8), y además una gran cantidad de siervos hebreos sometidos a un tipo de servidumbre más suave (ver com. Exo. 21: 2, 20; Deut. 15: 12,15).

 Siervos nacidos en casa. 

    Heb. «hijos de la casa fueron para mí». Además de los que había adquirido, los esclavos comprados o capturados engendraban hijos. Hay registro bíblico en cuanto al número de los siervos de Salomón (1 Rey. 4: 21-27; 10: 25, 26).

De vacas y de ovejas. 

    El número imponente de los rebaños y de las manadas de Salomón podemos suponerlo por la cantidad de los sacrificios ofrecidos durante la dedicación del templo (1 Rey. 8: 63). Además de los sacrificios que se ofrecían, se necesitaba una gran cantidad de carne para el ejército de siervos y de esclavos que tenía el rey (1 Rey. 4: 22, 23; 1 Crón. 27: 29-31).

 Plata y oro. 

    En varios pasajes se habla de la riqueza de Salomón en metales preciosos y en utensilios de oro y plata (1 Rey. 9: 28; 10: 14-27; 2 Crón. 1: 15; 9: 20-27).

    El tributo que el rey de Asiria impuso a Ezequías se pagó en parte con la tesorería del rey (2 Rey. 18: 14-16). Ezequías también exhibió su acopio de riquezas a los representantes del rey de Babilonia (2 Rey. 20: 13).

Tesoros preciados. 

    Heb. «posesiones». Quizá esta expresión se refiera a los tributos e impuestos de diversas clases que cobraba Salomón. «Tesoros preciados» se traduce de un término que también Dios aplica a su pueblo: «especial tesoro» (Exo. 19: 5; Sal. 135: 4; cf. Deut. 7: 6; 14: 2; 26: 18; Mal. 3: 17).

De provincias. 

    Debe referirse a impuestos cobrados a gobernantes vasallos y a sus pueblos (ver 1 Rey. 4: 21, 24; 10: 15).

Cantores. 

    Salomón debe haber recibido muchos huéspedes, incluso visitantes de muchos países. Esto demandaba una gran cantidad de gente especializada para atenderlos (ver 2 Sam. 19: 35; Amós 6: 5).

 De toda clase de. 

    Esta frase es añadida. No pertenece al original.

Instrumentos de música. 

    Heb. shiddah weshiddoth, que generalmente se piensa que significa «muchas concubinas», literalmente, «una concubina y concubinas». Es dudosa la etimología de shiddah, pero quizá derive del verbo «despojar», aplicado a la captura de las mujeres de un pueblo derrotado. También podría provenir de un verbo equivalente a la palabra arábiga «humedecer», de la cual los hebreos han derivado una palabra que significa el pecho femenino. La LXX sugiere «coperos y coperas». Tal vez Salomón quiso decir: «Me hice de … los deleites de los hijos de los hombres, una esposa y esposas», lo cual, por supuesto, hizo Salomón. Según esta explicación, shiddah weshiddoth sería comparable con rajam rajamatháyim, «una doncella o dos», literalmente, «una matriz o dos» (Juec. 5: 30).

Fui engrandecido. 

    Con manifiesta satisfacción, Salomón reflexiona en cuanto a la grandeza de su reino con un espíritu muy parecido al de Nabucodonosor cuando se jactaba de su gloria: «¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?» (Dan. 4: 30). Aquí Salomón se jacta de haber sobrepujado a todos sus predecesores -aun a su padre- en riqueza y sabiduría.

Conservé conmigo mi sabiduría. 

Heb. «mi sabiduría permaneció conmigo». Podría entenderse como que su sabiduría se mantuvo cerca de él, en el sentido de ayudarle a adquirir todas sus posesiones, o que le impidió que llegara a excesos en cualquier complacencia (ver com. vers. 3). Los comentadores judíos sugieren ambas ideas.

En medio de su necedad, Salomón pensaba que era sabio, así como un ebrio piensa que está sobrio.

Desearan. 

Heb. sha»al, literalmente, «pidieran», «requirieran». El nombre popular hebreo Sha»ul, «Saúl», literalmente, «requerido», deriva de esta raíz (ver com. 1 Sam. 9: 2). Salomón quiere decir aquí que llegó a extremos, que hubo poco -si es que lo hubo- que él no probara (ver 1 Juan 2: 15-17).

Placer … gozó. 

Heb. Ñimjah … Ñaméaj, el sustantivo deriva del verbo. Ambas palabras pueden referirse prácticamente a cualquier clase de emoción placentera, ya sea en la experiencia 1088 religiosa, en un placer legítimo, en el trabajo, o en la disipación y el libertinaje. Salomón afirma, sin duda alguna, que probó el fruto de todo lo que estudió y emprendió.

Parte. 

Es decir, «porción» o «recompensa», ya fuera de botín, despojo, alimento, propiedad, o manera de vivir. Sin duda Salomón se refiere a su modo de vivir, a su carrera tras la felicidad.

Miré. 

Heb. «me volví hacia», para observar con especial cuidado. La palabra hebrea significa mucho más que «mirar sin prestar atención». El sustantivo de esta raíz, que significa «rostro», contiene la idea de dirigir el rostro hacia algo a fin de tomar nota de ello. Además, en hebreo se usa el pronombre enfático como si Salomón hubiera dicho: «Yo personalmente di importancia a».

Aflicción de espíritu. 

Ni los banquetes ni festines, ni la música, ni los placeres sensuales proporcionan una satisfacción perdurable. Según Juan 4: 24, «Dios es Espíritu», no «un Espíritu» en el sentido de ser un espíritu entre muchos, sino absoluta y esencialmente espíritu. Y el ser humano debe llegarse a Dios mediante su propio espíritu, y sólo en una unión tal, puede hallar perfecta satisfacción y contentamiento. Salomón llegó a la conclusión de que todos los placeres de] mundo no eran sino «viento», «aliento», o «un afanarse en pos del viento» (ver com. cap. 1: 14).

Provecho. 

Ver com. cap. 1: 3. «Provecho», término importante en la filosofía del libro de Eclesiastés, en el cual aparece diez veces. No está en ninguna otra parte del AT. Salomón probó cada experiencia, cada empresa, cada placer, en los que se complació buscando el «provecho» que pudiera obtener. El significado literal de la raíz hebrea de «provecho» es «excedente» o «saldo». Se ha sugerido que quizá se trata de un término propio de las relaciones comerciales judías.

Debajo del sol. 

Expresión que aparece 29 veces en el Eclesiastés, para referirse al círculo de la actividad humana. Hay expresiones similares en diversos idiomas.

Volví yo. 

Ver com. vers. 1 1. Salomón había experimentado los placeres físicos y tomado nota de ellos. Ahora comienza un examen realista de la sabiduría y la necedad.

 ¿Qué podrá hacer? 

Heb. «¿Para qué el hombre que venga después del rey?» Quizá signifique que el rey pregunta qué aprovechará que un hombre inferior a él trate de llevar a cabo las diversas empresas que él había emprendido. El, como rey, tenía a su disposición toda suerte de recursos; aún más, superaba a sus súbditos en sabiduría.

Ya ha sido hecho. 

La persona inferior, que viniera «después del rey», difícilmente podría esperar hacer más de lo que Salomón ya había alcanzado. Salomón había comprobado la vacuidad e inutilidad de los placeres de este mundo; por lo tanto, el asunto podía considerarse ya resuelto.

Y he visto. 

El que dudaba, que no podía estar contento sin comprobar cada asunto en persona, dice ahora «he visto».

La sabiduría sobrepasa a la necedad. 

Heb. «hay provecho en la sabiduría sobre la necedad». Salomón mismo se había convencido de que vale la pena adquirir la verdadera sabiduría.

Como la luz a las tinieblas. 

Heb. «el provecho de la luz sobre las tinieblas». En esta figura de lenguaje se comparan «la luz» con el desarrollo espiritual y mental, y «las tinieblas», con la depravación y el menoscabo mental y moral. El apóstol Pablo usa una metáfora equivalente (Efe. 5: 8; 1 Tes. 5: 5). Se comparan los caminos de la rectitud con la luz (Sal. 37:6; 119: 105; Isa. 51: 4), y los de la impiedad con las tinieblas (Job 37: 19; Prov. 4: 19).

El apóstol Juan presenta a Jesucristo como la luz del cielo que brilla en medio de las tinieblas de este mundo (Juan1: 4, 5).

Ojos. 

Los ojos del sabio están donde Dios quiere que estén: en una posición para mirar directamente hacia adelante y evitar tropiezos. Compárese con las palabras de Jesús en Juan 11: 9. En Efe. 1: 18 hay otra aplicación espiritual.

El necio. 

El sabio ve por dónde va, y toma el camino más directo; el necio anda a tientas en la incertidumbre, y tropieza. Una metáfora similar se halla en Prov. 17: 24: «Los ojos del necio vagan hasta el extremo de la tierra».

Entendí yo. 

Expresión enfática. Heb. «entendí, también yo»; lo cual sugiere que Salomón descubrió que era imperativo que alabara la sabiduría.

Un mismo suceso acontecerá. 

Heb. «sucede un suceso» (ver Sal. 49: 10; 90: 3-5). Finalmente, la muerte sorprende tanto al sabio como al necio.

Me sucederá. 

Tanto el necio como el 1089 sabio mueren. A primera vista parece no haber diferencia.

Por hacerme más sabio. 

¿Qué provecho hay en un programa laborioso de estudios, en el que uno «se quema las pestañas»? El que se esfuerza desmedidamente en la vida para hacer frente a sus dificultades y superarlas, está tan verdaderamente muerto cuando muere como el simplón que tan sólo ha existido.

También esto era vanidad. 

Por lo tanto, Salomón razonaba: la ambición y el esfuerzo para avanzar en la vida carecen de valor, son un mero y fugaz aliento. En realidad, fuera de Dios no hay respuesta para los enigmas de la vida. El verdadero fin de la existencia sólo se encuentra cuando uno crece en la sabiduría de Dios y hace de su voluntad una norma de la vida.

Habrá memoria. 

Tanto el necio como el sabio son pronto olvidados por sus prójimos. Por supuesto, esta declaración es verdadera en lo que atañe a este mundo, pero queda un recuerdo sempiterno para el que ordena su vida de acuerdo con la sabiduría divina (Sal. 112: 6; Prov. 10: 7), y él puede regocijarse con confianza porque su nombre está escrito en los cielos (Luc. 10: 20; Fil. 4: 3).

Olvidado. 

El mundo olvida, pero Dios recuerda (Mal. 3: 16, 17; Juan 14: 1-3).

Aborrecí. 

El texto hebreo no indica un sentimiento de odio ni hostilidad, sino de repulsión, disgusto, cansancio o antipatía. La raíz etimológica significa «fealdad» o «deformidad», tanto en sentido físico como en temperamento o carácter. El mismo verbo aparece en Mal. 1: 3, donde dice que Dios aborreció a Esaú. Dios quedó decepcionado y disgustado con Esaú, pero no lo «odió» en el sentido común de la palabra. Aunque Dios odia al pecado, ama al pecador. En este versículo Salomón aclara su pensamiento: «La obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa». Todo lo que Salomón había intentado quedó tan lejos de proporcionarle la satisfacción que había esperado, que el mismo pensamiento de esas cosas sólo aumentaba su descontento.

Me era fastidiosa. 

Heb. «mal sobre mí» (ver Job 3: 24-26; 7: 14-16).

Aflicción de espíritu. 

O, «alimentarse de viento» (ver Ose. 12: 1; ver com. Ecl. 1: 14; 2: 11).

Todo mi trabajo. 

Le resultaba penoso a Salomón el pensamiento de que todos los grandes edificios que había levantado y los muchos proyectos que había ejecutado fueran más tarde disfrutados por otros (ver com. vers. 19).

¿Quién sabe? 

Salomón suele usar el verbo «saber» para expresar duda. Aquí expresa preocupación porque no sabe si los que heredarán sus obras las apreciarán y serán dignos de ellas. Y lo peor es que él no puede cambiar nada. Algunos creen que la preocupación de Salomón se debía al carácter de Roboam, su sucesor.

Enseñoreará. 

El término hebreo sugiere completo poder sobre personas o cosas. Es algo penosísimo pensar que los frutos de las labores de toda una vida puedan ser malgastados por un sucesor (ver Job 27: 16, 17; Sal. 39: 6; Prov. 23: 5; Isa. 65: 22; Luc. 12: 20).

Volvió … mi corazón. 

Es decir, fue en una dirección diferente u opuesta. Sugiere un cambio completo de la perspectiva de Salomón, y tal vez de sus actividades, como resultado de examinar la obra de su vida.

A desesperanzarse. 

A regañadientes Salomón se resigna ante los hechos que ha comprobado (ver 1 Sam. 27: 1; Job 6: 26).

Rectitud. 

El vocablo del cual se traduce «rectitud» no se encuentra en ningún otro libro de la Biblia. Deriva de una raíz que significa «propio», «adecuado», «correcto», por lo cual podría traducirse como «aptitud», «habilidad natural».

Por esto el pensamiento de Salomón es: No importa cuán habilísimo haya sido un hombre o cuán resonante su triunfo, una cosa es innegable: deberá dejar los frutos de sus labores a otro que no contribuyó a acrecentarlos y, por lo tanto, es incapaz de apreciarlos.

Hacienda. 

Es decir, su herencia: una porción de tierra, posesiones o botín.

¿Qué tiene el hombre? 

¿Qué resultado o fruto permanente del cual disfrutar? La única respuesta es «nada». La ganancia no parece compensar en absoluto el trabajo realizado.

Días. 

En contraste con «noche». Las horas de trabajo han estado plenas de actividades, y la «noche» de insomnio, para examinar los afanes del día.

Salomón no parece haber comprendido plenamente las bendiciones de la disciplina del esfuerzo, el dolor y los desengaños (ver Job 35: 10; cf. Rom. 8: 35; 2 Cor. 12: 9; Heb. 12: 11; Apoc. 3: 19). 1090

Coma y beba. 

Salomón presenta su conclusión, basada en lo que experimentó en la vida.  Piensa que no hay ganancia final. Por lo tanto, ¿por qué no comer, beber y disfrutar de las cosas que ofrece la vida?

Que su alma se alegre. 

Heb. «muestre el bien a su alma». «Alma» se refiere aquí a los deseos o apetitos de la persona (ver Prov. 10: 3; 13: 25; 27: 7; ver com. Gén. 2: 7; 9: 5; Deut. 6: 5). La declaración quizá signifique disfrutar en realidad de los frutos de los trabajos de uno, y también a la satisfacción que proporciona el cumplir con los planes y propósitos propios.

La mano de Dios. 

Dios quiere que el ser humano no sólo goce de los frutos de su trabajo, sino que también se complazca en la realización de sus tareas. Esta expresión sugiere también que Salomón reconocía el poder soberano de Dios y el desenlace feliz que él reserva para sus hijos terrenales, a pesar del sufrimiento y los desengaños.

¿Quién se cuidará? 

Mejor, «¿quién experimentará más que yo?» Quizá Salomón hable de la obra de su vida, y afirme que su capacidad para apreciar los frutos de ella es mayor que la de cualquier otro. Tal vez hable Dios (vers. 24), y entonces la traducción del vers. 25 sería: «¿Quién comerá y tendrá experiencia aparte de él ?» «¿Quién puede comer y beber sino gracias a El?» (NC).

Porque … Dios le da. 

La conjunción causal «Porque» coordina el vers. 26 con el vers. 25; y ambos a su vez se vinculan con el vers. 24. Salomón confiesa el poder omnipotente y la vigilancia omnipresente de Dios, quien no abandona a sus hijos.

Al pecador. 

Al transgresor, al que rechaza y resiste la voluntad de Dios. Heb. «el que yerra el blanco».

De recoger. 

El pecador desperdicia su vida en trabajos que no le dan entrada al reino eterno. Todo lo que acumula es tan sólo para esta vida pasajera. Se afana por amontonar riquezas, las acumula, pero no con un fin eterno (ver Mat. 13: 12; 25: 28; Luc. 12: 20).

Agrada a Dios. 

La idea de que el fruto de los trabajos del impío pueda ser dado al justo se halla en Job 27: 16, 17; Prov. 13: 22; 28: 8.

Aflicción de espíritu. 

Ver com. cap. 1: 14. El énfasis aquí radica en el hecho fundamental de que Dios dispone como le place.

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