Comentario 1ra Tesalonicenses Capítulo 1

LA CIUDAD DE TESALÓNICA

Apostol Pablo predicando en TesalónicaEn tiempos del Nuevo Testamento Tesalónica, hoy Salónica, era una ciudad bastante grande, pues contaba con una población de aproximadamente doscientas mil personas. Formaba parte de Macedonia, provincia principal de Grecia, y estaba situada en el extremo noroeste del mar Egeo.

Por su excelente ubicación, era una ciudad portuaria destacada y era una de las estaciones más importantes de las que se encontraban a lo largo de la gran vía Ignacia. Ésta era una carretera que iba del mar Adriático hasta los Dardanelos y unía a Macedonia con Roma.

Por ello, Tesalónica era el más importante centro comercial, cultural, social y político de toda la región, y ejercía mucha influencia en el mundo de aquel entonces. Por ello, es lógico que fuera escogida por el Espíritu Santo como punto de partida para propagar el mensaje de Cristo en toda Macedonia, Acaya, y en todo lugar (1 Tesalonicenses 1:8).

Pero también tenía otra fama que no es muy positiva. Al igual que Corinto y otras ciudades portuarias, era conocida por su baja moralidad.

TRASFONDO HISTÓRICO

Tesalónica fue la segunda ciudad europea visitada por Pablo y sus colegas durante su segundo viaje misionero. Los predicadores ya habían recorrido los lugares de Siria y Cilicia, donde habían establecido iglesias en su primer viaje, y querían predicar en Asia y Bitinia, pero les fue prohibido por el Espíritu Santo (Hechos 16:6–7).

Al llegar a Troas, en una visión de noche le fue revelado a Pablo que debían pasar a Macedonia para anunciar el evangelio allí (Hechos 16:8–10). Primero predicaron en Filipos, donde tuvieron cierto éxito, pero como también enfrentaron problemas serios, tuvieron que salir apresuradamente.

Llegaron a Tesalónica, y puesto que había una sinagoga de los judíos ahí, Pablo la visitó, y por tres semanas predicó el evangelio. Varios miembros de la sinagoga creyeron, y también algunos griegos piadosos y mujeres nobles. Los judíos no creyentes causaron un alboroto, y fue necesario que Pablo y Silas saliesen de noche para Berea (Hechos 17:1–10). De modo que estuvieron en esa ciudad muy poco tiempo, pero como dejaron en ella al nuevo grupo de creyentes, se fueron muy preocupados por ellos.

AUTOR Y FECHA

En el primer versículo de cada una de estas epístolas, Pablo se identifica como autor de ambas. Fueron escritas desde Corinto, y ese detalle nos ayuda a ponerles fecha. De Tesalónica Pablo salió para Berea, donde también tuvo éxito, pero llegaron los judíos de Tesalónica y provocaron un alboroto que resultó en la salida apresurada de Pablo con rumbo a Atenas.

Silas y Timoteo se quedaron en Berea, pero cuando llegó a Atenas, Pablo dio órdenes a los hermanos que le acompañaron hasta esa ciudad para que dijeran a sus colegas que lo alcanzaran cuanto antes (Hechos 17:10–15).

El Libro de Hechos no registra su llegada, pero 1 Tesalonicenses 3:1–5 sí registra el hecho de que Pablo envió a Timoteo de regreso a Tesalónica para confirmar a los hermanos y para averiguar su estado espiritual. No sabemos exactamente para dónde se fue Silas, pero se cree que posiblemente fue a Filipos.

El regreso de ambos se menciona en Hechos 18:1–5. Para entonces, Pablo ya estaba en Corinto, hasta donde Timoteo le llevó los buenos informes de los hermanos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 3:6–8). Se cree que de allí mismo Pablo escribió su primera epístola a los tesalonicenses, aproximadamente en el año 51 o 52 d.C. La segunda carta fue escrita pocos meses después, en el mismo año.

EL SALUDO DE PABLO 1:1

La carta no deja dudas acerca de su paternidad literaria. Como era su costumbre, en las primeras palabras Pablo se presenta a sí mismo como el escritor.

El apóstol tenía dos nombres. Su nombre judío era Saulo, y así fue presentado inicialmente en el libro de los Hechos (Hechos 7:58). Es el que aparece consistentemente hasta Hechos 13:9.

Algunos opinan que Pablo era su nombre cristiano, pero la idea carece de evidencia, porque continuó usando su nombre judío por algún tiempo después de su conversión (Hechos 9:18–31, 11:25–30; 12:25 y 13:1–9a). Hechos 13:9a dice: “Entonces Saulo, que también es Pablo…” De ahí en adelante, se usa ese nombre, que era su apelativo romano. Probablemente el cambio se debió al hecho de que ya había comenzado a fungir como apóstol de los gentiles (Romanos 11:13).

Los dos colegas de Pablo 1:1b En sus cartas, generalmente Pablo usa una expresión cualitativa inmediatamente después de su nombre (Romanos 1:1, Gálatas 1:1 y 1 Timoteo 1:1), pero en 1 Tesalonicenses 1:1 pasa por alto esa costumbre. Incluye los nombres de sus colegas, Silas y Timoteo, en su saludo, y no dice nada de sus credenciales.

En su primer viaje, Pablo había tenido a Bernabé como compañero (Hechos 13:2), pero después del desacuerdo que hubo entre ellos (Hechos 15:36–39), escogió a Silas (Hechos 15:40), y lo llevó en su segundo viaje misionero. Silas había formado parte de la comisión enviada por los líderes de Jerusalén para entregar la carta en que se informó a los gentiles acerca de su relación con la circuncisión y la ley (Hechos 15:19–29).

Cuando la comisión terminó su trabajo en Antioquía y regresó a Jerusalén, Silas se quedó allí (Hechos 15:34) lo cual facilitó la decisión de Pablo de escogerlo como colega para el ministerio misionero. Acompañó a Pablo durante el viaje de predicación a Filipos, Tesalónica y Berea, pero se quedó con Timoteo en Berea cuando Pablo se vio obligado a partir para Atenas (Hechos 17:14).

Pablo dio órdenes para que Silas y Timoteo vinieran a él hasta Atenas (Hechos 17:15), pero después los despachó de regreso para Macedonia (1 Tesalonicenses 3:1–2). Regresaron con Pablo cuando él ya estaba en Corinto y estuvieron juntos con él cuando escribió las dos cartas a los tesalonicenses (Hechos 18:5).

Timoteo se menciona primeramente en Hechos 16:1–3, cuando Pablo y Silas llegaron a Derbe y Listra en el recorrido que hacían por los lugares donde Pablo había predicado en su primer viaje misionero: “Había allí cierto discípulo llamado Timoteo” (Hechos 16:1). Su madre era judía creyente, pero su padre era griego. Es probable que Timoteo haya aceptado a Cristo en el primer viaje que Pablo hizo por esa región. Lo cierto es que Pablo vio ciertas cualidades espirituales en él, y quiso que se fuera con él para el ministerio (Hechos 16:2–3).

Primero lo circuncidó por causa de los judíos, y de allí en adelante partió con Pablo y Silas para la obra y permaneció con Pablo como hijo espiritual y colega durante el resto de la vida de éste (Filipenses 2:19–24 y 2 Timoteo 4). Él fue el portador de las noticias que produjeron la necesidad de escribir las epístolas a los tesalonicenses (1 Tesalonicenses 3:6).

Los destinatarios 1:1c La carta fue dirigida a “la iglesia de los tesalonicenses” (1:1b). La palabra iglesiaviene de una palabra griega, ekklesía, que sencillamente quiere decir asambleade personas que han sido llamadas fuera de sus ocupaciones ordinarias. Históricamente no tenía un significado religioso, pero en el primer siglo comenzó a ser usada por los cristianos para hacer referencia a sus reuniones. Ese uso está en vigor hasta la fecha.

Hay iglesia universal y hay iglesias locales. La iglesia universal se compone de creyentes de diferentes razas y nacionalidades, y hay conceptos que se deben comunicar a ella (1 Corintios 12:12–13). En cambio, los problemas de índole local deben ser tratados por los líderes de cada iglesia local.

Pablo no se dirigía a una asamblea cualquiera, sino a la iglesia o asamblea de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. En un sentido general, Dios es el Padre de todos los seres humanos. Es nuestro Creador, y dependemos de él para nuestra existencia. Pero Pablo tenía en mente algo que distinguía a los creyentes en Jesucristo de los demás seres humanos. Ellos habían sido regenerados por el Espíritu Santo, y por lo tanto, Dios era su Padre espiritual. ¡Qué bendición!

El uso del nombre Señor Jesucristo nos hace recordar que él es Dios-Hombre. Jesús fue su nombre humano, mientras que Cristo le identifica como el Mesías, que el pueblo judío esperaba.

Señor (Adonai) es un término que los judíos reservaban sólo para hablar de Dios. La expresión Señor Jesucristo lo hace igual a Dios, y es una indicación clara de que los creyentes no reconocen a ningún ser humano como Señor.

Pablo deseaba gracia y paz para los tesalonicenses. Habían recibido su salvación por gracia, o el favor inmerecido de Dios, y sus dones espirituales también les habían sido conferidos por la misma gracia. Disfrutaban de la paz con Dios, por haber recibido a Jesucristo como su Salvador (Romanos 5:1), y “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:6–7) estaba a su alcance para ayudar a solucionar todos los problemas de la vida.

PABLO ELOGIA A LOS TESALONICENSES 1:2–3

Pablo siempre reflejaba una buena actitud. Era un hombre muy agradecido, y en el caso de los tesalonicenses, su copa de gratitud estaba rebosante (1:2). Tenía recuerdos muy gratos de esos hermanos, y cuando los recordaba, siempre oraba por ellos. La oración a favor de los hermanos era una costumbre de Pablo. Compare los siguientes ejemplos: Romanos 1:9; Efesios 1:16; Filipenses 1:4; y Colosenses 1:3.

No usaba frases vagas ni en sus expresiones de gratitud ni en sus plegarias a favor de los hermanos. Daba gracias y oraba en forma específica. 1 Tesalonicenses 1:3 menciona tres cosas: su obra de fe, su trabajo de amor, y su constancia en la esperanza. Hay pensamientos paralelos en 1:9 y 10 que parecen ser la clave para entender las tres cosas que se mencionan en 1:3.

Su obra de fe 1:3b. La obra de feprobablemente incluye la fe salvadora, pero no se limita a ella, sino que se refiere también a las obras hechas por el creyente en su vida diaria. La expresión paralela de 1:9 es: “os convertisteis de los ídolos a Dios”.

Únicamente puede uno volver de los ídolos a Dios por la obra regeneradora del Espíritu Santo, y esa obra se realiza por la fe. En Juan 6:28 una multitud preguntó a Cristo: “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?” Contestó el Señor en el versículo siguiente: “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado”.

La salvación no viene por obras humanas (Efesios 2:8–9), pero la misma fe que salva obra eficazmente produciendo buenas obras en el que cree (Efesios 2:10). Su obra de fe era evidente, y Pablo alababa a Dios por ella.

Su trabajo de amor 1:3c. La palabra trabajo usada aquí se refiere a laborar hasta el cansancio. Los tesalonicenses hacían esto con amor. El amor al que se refiere es el ágape, que es el mismo amor con que nos amó nuestro Señor Jesucristo. Él no espera reciprocidad, sino que busca sólo el bien del objeto de su amor.

Sólo esa clase de amor puede hacer que un creyente trabaje en forma desinteresada a favor de otro creyente o de un no creyente. La frase paralela de 1:9 es: “para servir al Dios vivo y verdadero”. Los tesalonicenses se habían convertido de los ídolos para servir a Dios. En su servicio al Señor trabajaban hasta el cansancio en búsqueda de las almas perdidas y haciendo muchos servicios a favor de sus hermanos atribulados por su fe en Cristo.

Su constancia en la esperanza 1:3d. No tenemos copia de ningún sermón que Pablo predicara en Tesalónica, pero podemos estar seguros de que hizo hincapié en el regreso de Cristo. Hay pruebas de que ese mensaje impactó a los tesalonicenses. Ellos mostraban constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo. La misma palabra en griego que se traduce “constancia” aquí, se traduce como “paciencia” en Hebreos 12:1.

No se refiere a una acción pasiva, sino activa, en que se trabaja en forma perseverante. Los tesalonicenses perseveraban en esperar al Señor de los cielos en medio de mucha aflicción. El concepto paralelo de 1:10 es: “y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera”. Esta última frase asegura a los creyentes que la ira venidera, o sea la gran tribulación, no caerá sobre nosotros.

Con razón los tesalonicenses soportaban sus pruebas con paciencia y gozo, porque tenían la esperanza bienaventurada de que Cristo vendría para librarlos de la ira venidera.

Pablo dijo en 1:4: “porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección”. Es interesante que usara una frase de esa magnitud en una carta a creyentes relativamente nuevos. Es difícil entender la doctrina de la elección, pero no por eso debemos negarla ni ser negligentes en enseñarla porque se menciona en varios lugares de la Biblia.

Basta citar aquí tan solo un pasaje: “…Nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:4). Parece que siempre se refiere a creyentes y se basa en el amor de Dios hacia ellos. Tiene que ver con la selección o separación.

En el caso de los tesalonicenses, el asunto no era tratar de averiguar quiénes habían sido escogidos. Pablo dijo: “conocemos… vuestra elección”. Había pruebas de ella, y él repasó algunas de ellas.

Llegaron a ser imitadores de los misioneros y del Señor 1:6a

Recibieron la palabra en medio de gran tribulación, con gozo 1:6b

Desplegaron mucha actividad misionera 1:7–8 Siguiendo el ejemplo de Pablo, Silas y Timoteo, divulgaban la palabra del Señor en Macedonia, Acaya y en todo lugar. Macedonia era la provincia al norte de Grecia y Acaya estaba al sur. Así que en todo ese gran país se había extendido el evangelio de Cristo.

Ya se ha dicho que Tesalónica era una ciudad portuaria y una de las principales estaciones de la gran vía Ignacia. Sin lugar a dudas, Dios usó esas circunstancias muy favorables para ayudar a los hermanos tesalonicenses a cumplir con la gran comisión. El evangelio se divulgó a partir de allí en todo lugar.

Obtuvieron buen testimonio 1:9-10 Pablo relata como los mismos macedonios hablan de la conversión genuina de los de Tesalónica, con el propósito de servir a Dios, asimismo como su esperanza en el arrebatamiento los libra de la ira que se desatará en la tribulación, época que los que han creído en Cristo en la Dispensación de la Graciano la vivirán.

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