Historia de Palestina, Israel

La nación de Israel representada genéricamente como Palestina es el pueblo elegido de Dios y por tanto trata sobre esta nación la historia que veremos a continuación.

Aspecto Religioso

El culto religioso

En la parte posterior del Templo, existía un patio especial para las mujeres judías. (No había contacto alguno con los varones y por supuesto no eran tomadas en cuenta).

La religión judía era una religión de varones. En el templo y en la sinagoga varones y mujeres estaban rigurosamente separados, y las mujeres siempre en lugares inferiores, secundarios. Sólo se celebraba el culto en la sinagoga si había al menos diez hombres, no contaban las mujeres, por muchas que estuviesen presentes.

Las mujeres estaban exentas de peregrinar a Jerusalén en las grandes fiestas del año, que obligaban a los varones y de otras prácticas religiosas. Ni siquiera eran aptas, en la sociedad patriarcal, para pronunciar la acción de gracias en la mesa, en las comidas. Pero sí estaban obligadas a cumplir con todas las prohibiciones de la Ley religiosa, sometidas también a todo rigor de la legislación civil y penal, comprendida la pena de muerte (ver Jn. 8,1-5).

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La conciencia de la superioridad religiosa masculina estaba muy extendida en tiempos de Jesús y de las primeras comunidades cristianas, no sólo entre los judíos, sino también entre griegos y romanos. Por ejemplo, el hombre griego estaba agradecido a los dioses por la suerte de haber nacido humano y no bestia, griego y no bárbaro, libre y no esclavo, hombre y no mujer.

Entre los judíos corría un dicho: «Bien aventurado aquel cuyos hijos son varones, y ¡ay! de aquel cuyos hijos son hembras».

En la oración que los judíos del siglo I y II d. C. hacían en la sinagoga, por tres veces el hombre judío agradece a Dios por el hecho de que no lo creara pagano, esclavo o mujer, poniendo énfasis en su privilegio religioso. Así lo dice este comentario del siglo II:

Rabbí Yehudá dice: deben decirse tres plegarias cada día:

  • Bendito sea Dios que no me ha hecho pagano
  • Bendito sea Dios que no me ha hecho mujer
  • Bendito sea Dios que no me ha hecho ignorante
Bendito sea Dios que no me ha hecho pagano: porque todas las naciones son como nada ante él. (Is.40, 17). Bendito sea Dios que no me ha hecho mujer: porque la mujer no está obligada a cumplir los mandamientos. Bendito sea Dios que no me ha hecho ignorante: porque el ignorante no se avergüenza de pecar. En la lengua en que fue escrito el Antiguo Testamento, el hebreo, las palabras piadoso (hasid), justo (saddiq) y santo (qados) no tienen femenino.

Saduceos.

Se puede empezar nombrando los Saduceos, que toman su nombre de Sadoc, sumo sacerdote del tiempo de Salomón que vivió en el siglo II a. C. Integraban este grupo las familias sacerdotales dirigentes, las principales familias de los grandes comerciantes de la ciudad y los hacendados más ricos del campo. Los jefes de esa aristocracia sacerdotal y laica (los ancianos) formaban parte del Sanedrín. Era, pues, un partido aristocrático que reunía a los ricos y los poderosos. Formaban una «clase aparte», eran escasos en número y estaban fuertemente organizados. Su influencia en la política y la administración de justicia fue muy importante entre el periodo asmoneo y la guerra judáica. Algunos de los saduceos «seglares» eran los arrendatarios de los impuestos, los procuradores y recaudadores romanos. Los romanos les concedieron el monopolio del cobro de los impuestos.

En materia de religión admitían únicamente la «Torá» o Ley de Moisés, que está formada exclusivamente por los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Se atienen estrictamente a la letra de lo que dicen esos libros, son pues fundamentalistas y por eso, rechazan todo desarrollo posterior de esa doctrina. Según los saduceos, los sacerdotes son los únicos intérpretes de la Ley; no quieren que los fariseos laicos la interpreten, y sospechan de los profetas. Propugnaban la observancia del sábado. Viendo que en la Torá no se habla de la resurrección de los muertos ni de otra vida, no creen en ella, por considerarla un concepto novedoso. Para ellos todo termina con la muerte y aseguran que no hay más salvación que la terrenal. En política, favorecieron un nacional-judaísmo y fueron acérrimos defensores del Estado del Templo, y procuraron llevarse bien con los romanos.

Se les acusa de vivir el divorcio entre la fe y la vida: al lado de su actitud religiosa conservadora, mostraban una licenciosa relajación de costumbres:

  • lujo y aficiones paganas siguiendo el ejemplo de los romanos (dueños del mundo)
  • el divorcio era frecuente entre ellos
  • utilizaban el matrimonio entre miembros de la misma familia para conservar riqueza y poder
  • poligamia que, en la práctica, sólo era accesible a los ricos por lo costoso que resultaba.

Caifás, el Sumo Sacerdote (18-37 después de Cristo) era saduceo (Jn.11,49;18,13-14). Los jefes de los sacerdotes eran, en general, saduceos. Los Hechos de los Apóstoles designan a los saduceos como los partidarios del Sumo Sacerdote (Hch.5, 17). Mateo (Mt 16,12) contiene un pasaje donde Jesús advierte a los que le escuchan que se guarden de el fermento de los fariseos y saduceos.

Son hedonistas, les interesa sobre todo acumular riquezas y disfrutarlas en la vida terrena (Lc.12, 15-21).

Sacerdotes

Israel, en tiempos de Jesús era una auténtica Teocracia, y en una teocracia son los sacerdotes quienes, en primer término constituyen el grupo menos poderoso.

Sacerdotes, israel, antiguo testamento, jerusalen, diezmos y ofrendas, palestinaLos sacerdotes habían organizado a los judíos después del destierro de Babilonia (538 a. C.) y los habían dirigido en los asuntos espirituales y materiales, en tiempos de Jesús continuaban en posesión del poder político y social. El sacerdocio no era por vocación de Dios, sino hereditario, según la Ley, sólo podían ser sacerdotes los descendientes de Aarón, el hermano de Moisés (Ex.28, 1; Nm.17, 16-26; Lc.1, 5; Heb.9, 4). Formaban pues, un círculo cerrado y estrechamente unido.

Representación: Judíos orando en el día de Expiación o Perdón. Existía en el Templo un sitio llamado el «Sancta Santorum» al cual solo el Sumo Sacerdote entraba tres veces, un solo día al año, el Día de la Expiación.

A los 20 años de edad, el hijo del sacerdote es presentado en el templo donde tiene que demostrar la legitimidad de su nacimiento, después de comprobar que no tiene defecto físico, le ordenaban mediante un baño de purificación, le visten con hábitos sagrados y se celebran unos sacrificios, todo durante una semana, de esta forma queda habilitado para ofrecer sacrificios (Heb.10,11), ejecutar ritos (Mt.8,4; Lc.17,14), para el servicio al templo (Lc.1,5.8). Los sacerdotes no estaban encargados de la enseñanza de la Ley, esto era propio de los escribas (Mt.7,29).

Estaban organizados en 24 grupos, y cada grupo aseguraba el servicio del templo durante una semana, los turnos se sacaban a la suerte (Lc.1, 5-9). Por la cantidad de culto que existía en el templo y para atenderlo se necesitaban 300 sacerdotes ayudados por 400 levitas, estos últimos eran descendientes de la tribu de Leví (Dt.33,8-11; Lc.10,32), eran una especie de «bajo clero», encargados de servicios auxiliares del culto y también de los servicios de policía del templo.

Los sacerdotes más importantes que llegaban a ser una aristocracia eran: El Sumo Sacerdote, jefe de todos los judíos de Palestina y del extranjero, responsable principal del templo, administrador, presidente, por oficio, del Sanedrían o Gran Consejo. Era el único mortal que entraba en la parte más íntima, sagrada e importante del Templo: el «Sancta Santorum»: tres veces, un solo día al año, el «Día de la Expiación» (el Yom Kippur. o día de penitencia instituido por Dios).

A partir del año 37 antes de Cristo, Herodes primero y luego los procuradores o gobernantes romanos tenían el derecho de nombrar y deponer a los Sumos Sacerdotes, desde entonces el cargo no era hereditario ni vitalicio. También consagran al Sumo Sacerdote mediante la entrega de los ornamentos sacerdotales (ocho piezas consideradas como sagradas). Herodes y los romanos guardan estos ornamentos sagrados (del 6 al 37 después de Cristo en la Torre Antonia), y los prestan a los sacerdotes sólo para los días de fiesta.

La intervención de Anás en el proceso de Jesús, explica como mantenían su influencia y prestigio luego de haber cesado en el cargo como Sumo Sacerdote.

Otros sacerdotes principales eran el Comandante del Templo, responsable del orden, los tres Sacerdotes Tesoreros, a cargo de las finanzas y los Sacerdotes Vigilantes, quienes guardaban las llaves del templo y se responsabilizaban de la vigilancia y orden bajo la autoridad del Comandante del Templo.

Los Ancianos

Eran también llamados «Senadores del pueblo» y los encontramos con frecuencia en el Nuevo Testamento, siempre aliados con los Sumos Sacerdotes (Mt.21, 23; 26,3.47), normalmente unidos bajo una única expresión «los sumos sacerdotes y los ancianos» (Lc.22, 52).

La palabra anciano no se refiere a persona de más edad, a viejos de Jerusalén, en sentido estricto los «ancianos» son el grupo del Sanedrín distinto de los sacerdotes-jefes y de los escribas fariseos. Está compuesto por los jefes de las familias más ricas e influyentes de Jerusalén. En algún momento Lucas los llama «los notables el pueblo» (19,47), son la aristocracia seglar, los poderosos, esto por el dinero ya que eran los propietarios de grandes haciendas y los comerciantes más ricos.

Estos ancianos están relacionados con la fuente principal productora de riqueza que es el Templo de Jerusalén y con sus dirigentes, los sacerdotes jefes. También están ligados al poder romano que ha sabido atraérselos entregándoles en arriendo el cobro de impuestos, así los romanos dominan, por su medio, el Sanedrín. La fortuna de los ancianos es la garantía de que el impuesto de los judíos ingresará en el tesoro del Imperio romano. Para estos «ancianos», jefes del sistema de recaudación de impuestos, las cantidades recolectadas bien administradas, son una buena fuente de ingresos suplementarios, porque entregan a los romanos los impuestos por ellos exigidos, pero se los cobran con creces al pueblo por intermedio de los «publicanos».

Están muy interesados en defender el orden establecido, pues en él se basa la conservación y mejora de su posición, dinero e intereses. Si los romanos sospechasen que ellos de algún modo se oponen a su poder, perderían sus privilegios, correrían peligro de ser desterrados y después sufrirían la confiscación de todos sus bienes.

Son observadores en cuestiones de religión y se atienen estrictamente a la letra de la Escritura, y tienen por jefes a los «hombres de la religión», a los jefes de los sacerdotes, a la nobleza sacerdotal. Además son muy fieles a la observancia religiosa externa.

No pueden ser sacerdotes, ni siquiera comprando el sacerdocio. Como todos los que tienen por ídolo el dinero, «ídolo de muerte», para defender su «orden», un orden injusto, pero que les favorece a ellos, llegan hasta la sangre (Mt.26,3-5.59;27,1-2; Mc.14,43).

No todos los ancianos eran iguales en su pensar y proceder, entre estos notables se encuentra José de Arimatea, rico hacendado (Mt.27,57; Mc.15,43; Lc.23,50-51; Jn. 19,38-42).

Fariseos

Los fariseos era un grupo religioso caracterizado por su estricta observancia de la Ley. Provenían del movimiento asideo (siglo II). Aunque tenían sacerdotes era en esencia un movimiento laico. El movimiento asideo se separó en dos ramas: los fariseos y los esenios.

El nombre fariseo es la forma griega de perusim que significa «los santos,  los separados, la verdadera comunidad de Israel. Eran gente religiosa y piadosa.

En el Nuevo Testamento los fariseos son presentados como hipócritas, pero no se corresponde con lo que se sabe de ellos.

Los fariseos se preocupan mucho por cumplir todas las leyes y tradiciones religiosas, también en que otros las cumplan. Para ellos lo más importante en su relación con Dios es la Ley religiosa, ella es el verdadero tesoro de Israel, más importante que el Templo. Ellos son el «pueblo de la Ley», generalmente son artesanos, pequeños comerciantes, campesinos, pero, aunque proceden del pueblo, quieren estar separados de él; les parece demasiado ignorante de la Ley y, sobre todo, impuro, que no la cumple; «maldito» (Jn.7, 45-49).

Son legalistas, pues ellos mismos habían añadido muchas leyes y tradiciones a la Ley. Formularon 613 leyes complementarias (248 mandatos y 365 prohibiciones), difíciles de aprender y sobre todo difíciles de cumplir, estas reglamentaban minuciosamente la vida, especialmente la observancia del sábado y la pureza necesaria para el culto. A estas leyes las llamaban «tradición oral» (inventada por ellos). Para ellos esta tradición tenía tanto o más valor que la Ley escrita.

Los fariseos esperaban una intervención divina, la venida del Mesías que libraría al pueblo del yugo de los romanos, se preparaban para ese «Día» con la oración, con el ayuno y, sobre todo, con la observancia fiel de todas las leyes, particularmente la del sábado.

Eran ritualistas, se preocupaban mucho de las acciones obligatorias para acercarse con pureza a Dios, a la oración, al templo, a los actos de culto. La profusión de normas tendía a convertir el ejercicio de la piedad en una cuestión técnica o normativa. Se guiaban por un libro entero para esto, el Levítico, sobre todo en los capítulos 11 al 16, que explica las reglas de pureza. Para ellos impuro significaba contagioso, y el roce con lo impuro les impedía las relaciones con Dios.

Impuros eran:

  • la sangre y todo lo que toca porque, según ellos, es la vida
  • todo derrame sexual (ej. menstruación)
  • los utensilios como copas, platos, ollas sucios, pues había que lavarlos varias veces escrupulosamente (Lc.11,39)
  • ciertos animales que la Ley prohibía comer (Mt.15,10)
  • todo cadáver de animal o persona; no sólo el que los tocaba, aunque fuese por necesidad, también el que pisaba una tumba, un sepulcro, aún sin saberlo, quedaba «impuro» ante Dios. (Lc.11,24)
  • las personas afectadas por alguna enfermedad repugnante, en especial de la piel, como la lepra, eran «intocables», porque el mero rozarles impedía acercarse al Dios Santo. (Mt.8,2-4)
  • los judíos que ejercían determinados oficios u ocupaciones que eran considerados impuros; publicanos o recaudadores, prostitutas, pastores, médicos. Sentarse con ellos a la mesa u hospedarse en sus casas «contagiaba». (Mt.9,9-13; Lc.19,1-7)
  • el solo entrar en las casas de paganos, quienes no eran judíos, contaminaba. (Jn.18, 28).

Tenían obsesión por los lavados rituales, sobre todo de las manos «impurificadas» por haber tocado algo «impuro». Hasta siete veces al día el fariseo piadoso hacía sus abluciones personales con agua y con oración. También el agua entraba en este juego pues, se convertía en un problema saber qué tipo se requería para lavar cada utensilio y para los baños de purificación, ellos distinguían hasta seis tipos de agua para estos menesteres.

Estos fariseos piensan que cumpliendo con la Ley y la tradición adquieren los méritos necesarios para la salvación, y que Dios tiene que «pagar» esa fidelidad, esa recompensa se les debe (Lc.17, 7-10).

Hacían todo tipos de obras, más allá de lo mandado por la Ley, para así tener más méritos ante Dios; ayunos (Mt.9, 14; Lc.18, 12), oraciones (Mt.6,5), pago de diezmos (Mt.23,23). Cumplían minuciosamente las estrictas reglas sobre la pureza ritual que de por sí eran obligatorias sólo para los sacerdotes, y las leyes sobre los alimentos (Mt.15, 1-20; 23,25.27; Mc.7, 1-23; Lc.11, 39).

El Evangelio que más trata el fariseísmo es Mateo exhibiendo opiniones como ésta.

Atan bultos pesados y los cargan en las espaldas de los demás, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo. (Mt. 23,4)

Escribas

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Ruinas de una sinagoga. En tiempos de Jesús, cada comunidad judía tiene su sinagoga. La sinagoga era el sitio de reunión para la oración y el estudio de la Ley. El templo era sobre todo para las fiestas y quedaba lejos para la mayoría. En la sinagoga la ceremonia se dividía en dos partes: primero el Shemá, que terminaba con una bendición, luego se hacía la lectura de la Ley, iluminada por un texto de los profetas, y seguida por una homilía.

Los escribas, en hebreo sofer, son los «especialistas de la Ley», los que estudian, conocen, explican e interpretan la Ley. Son al mismo tiempo, teólogos, profesores, jueces, enseñan lo que hay que hacer para cumplir con la Ley, resuelven las dudas que sobre la observancia se presentan. Ejercen también la justicia, según la Ley.

En un principio los escribas eran un grupo laico pero, dada su apertura a nuevas interpretaciones, muchos de ellos eran también fariseos o saduceos. Con el tiempo, empero, predominaron los escribas fariseos. Los escribas o «doctores de la Ley», son la aristocracia intelectual judía, el escriba o «rabí» llega al poder no desde el dinero como los ancianos o senadores, ni por la sangre o casta como los sacerdotes, sino por su saber, y son conscientes de eso. Los fariseos-escribas llegaron al Sanedrín y cada vez tuvieron más poder después de la muerte de Herodes el Grande, año 4 antes de Cristo.

Su formación era en escuelas, la más importante y famosa es la de Jerusalén, después de un ciclo regular de estudios en varios años, el escriba poseía un sólido conocimiento de todo el Antiguo Testamento, dominaba plenamente todos los recovecos de la Ley, estaba autorizado para decidir personalmente todas las cuestiones de leyes y ritos religiosos, era nombrado juez en los procesos criminales y decidía también en los procesos civiles, tenía derecho a ser llamado «rabbí». Al cumplir 40 años de edad era escriba con plenas atribuciones como «Doctor graduado».

Su saber los colocaba en los puestos más importantes de la enseñanza, de la administración y de la justicia. Y, sobre todo los escribas que además eran fariseos, tenían un gran poder porque creaban y trasmitían las «tradiciones» religiosas que estaban en igualdad y aun por encima de la propia Torá o Ley escrita; tenían el poder de atar (obligar) y desatar (liberar de obligación) para siempre, a los judíos del mundo entero, en conformidad con lo mandado por la Ley; en su poder estaban los puestos claves del poder judicial, del poder administrativo, y de la enseñanza: en general, eran escribas los jueces de todas las ciudades importantes del país.

En las sinagogas, además de ser los jefes, explican e interpretan con autoridad la Escritura, son los jueces y supervisores de la marcha de la vida diaria; tienen poder en lo judicial, en lo ejecutivo y hasta pueden imponer castigos de azotes y llegar al destierro.

Dirigían y controlaban la Escuela Superior de Jerusalén, el partido fariseo del Sanedrín estaba compuesto íntegramente por escribas (en el N.T. el grupo fariseo del Sanedrín es llamado indistintamente «Los fariseos» Mt.21, 45 o los «escribas» Lc.20, 19). En él cada vez tenían más poder, entre otras cosas porque el Sanedrín era la única Corte de Justicia o Tribunal Supremo para todos los judíos (Mt.26, 57-66; Hch.5, 34-40).

El conocimiento del Antiguo Testamento (la exégesis de la Escritura) era decisivo en las sentencias judiciales, y ese conocimiento era exclusivo de los «escribas-fariseos» del Sanedrín:

  • los escritos del Antiguo Testamento estaban redactados en la «lengua sagrada», el hebreo, y ésta lengua sólo era conocida por los escribas, el Arameo era la lengua del pueblo, aun en el siglo primero, los jefes de los escribas lucharon para que el Antiguo Testamento no se divulgase en Arameo.
  • Eran los únicos que conocían la «tradición oral» que sólo se trasmitía, de palabra del maestro al discípulo.
  • Eran los dueños de la tradición «esotérica», es decir de los secretos más ocultos sobre doctrinas, leyes, fórmulas mágicas religiosas.

Todo esto les daba un gran prestigio ante el pueblo.

Aspecto Social

Publicanos

Estos eran agentes de aduana o recaudadores de impuestos, para aquel tiempo no eran funcionarios del Estado, sino comerciantes que adquirían del Estado, en arriendo, el derecho a la recaudación de impuestos. Para ello pagaban determinada suma de dinero al erario público, quedándose con todo lo que podían sacar por encima de esa suma.

Entre ellos se distinguían dos clases:

Los jefes del sistema de recaudación de impuestos: Eran gente rica, generalmente jefes de las familias de la alta sociedad de Jerusalén, algunos de ellos miembros del Sanedrín (ancianos o senadores del pueblo).

Los judíos tenían que pagar a los romanos unos impuestos directos y otros indirectos. Estos grandes arrendatarios de aduanas se responsabilizaban del pago de estos impuestos, luego se reembolsaban esas cantidades con creces, en éste cobro están respaldados por los romanos.

Arrendaban muchos puestos aduaneros, para cada puesto aduanero señalaban un canon de arriendo que era preciso entregar. Los ingresos superiores a éste canon se los quedaba el arrendatario como ganancia personal, llevando esto a la explotación y la estafa.

Los cobradores locales a quienes se les llamaba publicanos.

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Representación: La llamada de Mateo Leví hecha por Jesus de Nazaret. Jesús no se fija en su ocupación (publicano, cobrador de impuestos), sólo lo llama para hacerlo discípulo y Mateo a su vez responde a éste llamado siguiéndole y ofreciendo un banquete. El autor del cuadro es: Michel angeló Merisi da Caravaggio o Caravaggio.

La mayor parte de los que hacían este trabajo eran pobres o esclavos empleados por una agencia de recaudación de algún gran arrendatario, a su vez los despedían al menor problema.

Palestina sufría un sistema de impuestos verdaderamente opresivo, había que pagar derechos de aduana y de peaje a la entrada de los pueblos, en los puentes, los vados, los cruces de caminos. El hostigamiento de los publicanos era molesto y también muy costoso, pues los recaudadores tenían que exigir una cantidad superior a la tarifa oficial si querían ganarse la vida. Leví es uno de esos recaudadores o «publicano».

Es de notar también que el pueblo no conocía con certeza la ley romana de impuestos, y tampoco se atrevía a reclamar, ya que los recaudadores estaban apoyados.

A los ojos de todo sacerdote y fariseo, el publicano era un pecador, pues su profesión era considerada «contaminante» o «impura» por los escribas o doctores de la ley. Para los judíos el único impuesto legítimo es el que se pagaba al Templo, por tanto estos publicanos que cobraban para los romanos, eran también despreciados por la comunidad.

Por lo general los publicanos eran gente pobre, pertenecían a una clase social tan desfavorecida que tenían que aceptar este trabajo «deshonroso» para sobrevivir.

Los publicanos jamás eran invitados a comer, no los trataban, estaban despojados de sus derechos civiles: no podían ser jueces, ni siquiera testigos de un proceso, mucho menos pertenecer a una comunidad de fariseos, son pues, gente tomada como pecador, marginados, mal pagados y con frecuencia maltratados.

El comportamiento de Jesús con los publicanos

Los evangelios hablan directamente de estos «publicanos», recaudadores y normalmente asocia «publicanos y pecadores».

Juan el Bautista exige de los recaudadores, como signo de penitencia, el cobro exacto del impuesto fijado: Fueron también a bautizarse unos recaudadores, que le preguntaron: Maestro ¿qué tenemos que hacer? Él les contestó: No exijan más de lo que tienen establecido Lc.3, 13.

La actuación de Jesús y de sus seguidores, fue sencillamente escandalosa, iban contra toda regla de comportamiento social y religioso. Son muchos ejemplos que hay de tal situación; cuando llamó al publicano Leví a ser discípulo íntimo suyo, al frecuentar la compañía de publicanos y pecadores y comer con ellos, Leví le ofreció en su casa un gran banquete, y estaban recostados a la mesa con ellos un gran número de recaudadores y otra gente Lc.5,29. Para los piadosos judíos era escandaloso que Jesús y sus seguidores comieran con ellos en la misma mesa.

Cuando se enfrenta con los fariseos mostrándoles que, salir al encuentro de un pecador, expresa mayor fidelidad al Dios Santo, que no buscar aislarse para alardear de su propia perfección: Los fariseos y los letrados de su partido (los fariseos que eran escribas)protestaban diciendo a los discípulos: ¿Se puede saber por qué comen y beben con recaudadores y pecadores?. Jesús les replicó: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a invitar a justos, sino a pecadores, a que se arrepientan Lc.530-32.

Esta forma de actuar de Jesús, le valió una especie de sobrenombre, más bien una acusación malévola: ¡Vaya glotón y borracho, amigo de recaudadores y pecadores! Mt.11, 19.

Jesús justifica su conducta con tres parábolas que vienen a decir: así es Dios, así es mi Padre, y esto se puede comprobar en la lectura del evangelio de Lucas 15,1 al versículo 32.

Más allá todavía, y de un modo desconcertante y provocador dice que los publicanos son preferidos a los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo: Los recaudadores y las prostitutas se dirigen, en lugar de ustedes, al reino de Dios Mt.21, 23-32).

Los Zelotas

Estos eran hombres ardientes, «llenos de celo», de deseos por cumplir la Ley, sobre todo su primer mandato: para ellos «sólo Dios reina en Israel», y por eso están dispuestos a sacrificar hasta la propia vida.

Como ideología o partido no hay documentación cierta de ellos hasta el 44 después de Cristo. Y todos los escritos del Nuevo Testamento son posteriores a esa fecha. Su actividad se desarrolla, ciertamente, en el tiempo de las primeras comunidades cristianas. Los zelotas con su insurrección del año 66 provocan la represión romana y la caída de Jerusalén. Algunos autores consideran como zelotas a los galileos que con ocasión del censo de Quirino, hacia el año 6 después de Cristo, se rebelaron bajo la dirección de Judas el Galileo.

Los zelotas son fariseos militantes, se puede decir que representan el ala más radical de los fariseos, son observantes estrictos de la Ley escrita y de la tradición oral más rigurosa, son fanáticos en su afán por la instauración del reino de Dios en Israel. Ellos son los judíos nacionalistas más radicales: ortodoxos e integristas. Su fanatismo confunde política y religión, y se expresa con actos de terrorismo dirigido contra los romanos y contra los judíos que ellos consideran poco religiosos o colaboracionistas. Zelota o fanático es el sobrenombre del apóstol Simón.

También se consideran instrumento de la venganza de Dios, en relación al culto y al sacerdocio, quieren purificar el Templo de la corrupción y de las injusticias, buscan purificar el país, contaminado especialmente por la ocupación romana, recurriendo a la violencia. Ellos niegan la obediencia a todo poder terreno, únicamente obedecen a Dios y a su Ley.

Los romanos sostenían el principio jurídico de que, con la conquista de un país, sus tierras pasaban a ser propiedad del Estado (romano), y a la vez les cedía en usufructo a los nativos, exigiéndoles, a cambio, el pago de tributos.

Precisamente la introducción del tributo al César fue la que provocó la rebelión de Judas el Galileo, en el año 6 después de Cristo, cuando los romanos destierran a Arquelao, hijo de Herodes I el Grande y convierten a Judea en provincia romana.

Para los zelotas, pagar el impuesto a los romanos es incurrir en pecado de idolatría. Como para ellos, la llegada el Reino depende de la acción revolucionaria violenta, roban, sobre todo a los ricos, secuestran personajes importantes, y si es preciso llegan al asesinato. La primera víctima de los zelotas sicarios (llamados así por el pequeño puñal o «sica» que utilizaban) fue el del sumo sacerdote Jonatám, hijo de Hannas.

Para los años 30, los zelotas no formaban un grupo organizado, sólo eran grupos clandestinos, con intereses sociales precisos, con inspiración religiosa, impacientes de liberar a Israel de la dominación romana. Los romanos los llaman «ladrones» y los consideran simples bandidos, escondidos en las montañas, que aprovechan las circunstancias, sobre todo las festividades para sus labores.

Aspecto Económico

 Los ricos.

En el aspecto socio-económico, en tiempos de Jesús, había en Palestina estratos sociales extremos: los ricos y los pobres.

Los ricos eran pocos en número, pero muy poderosos, conservadores en religión y también en política, generalmente pertenecían al grupo de los saduceos.

Entre estos ricos poderosos tenemos a Herodes II Antipas, a la muerte, 4 años antes de Cristo, de su padre Herodes I el Grande, había recibido una parte del reino de éste: Galilea, provincia del Norte, con la capital en Tiberiades y la Transjordania al Este. Este era un vasallo del emperador romano, que ni siquiera le otorgó el título de rey. En el año 39 después de Cristo el emperador Tiberio lo destronó y desterró.

Los partidarios de Herodes Antipas, que eran pocos en número, eran llamados herodianos, siempre fueron enemigos de Jesús.

La plaga de impuestos que Hedores impuso, provocó la venta de tierras y la concentración latifundista en manos de unos pocos: miembros de la familia real, colaboradores a quienes recompensaba de ese modo, gente adinerada que invertía su dinero haciéndose con grandes haciendas. Esta concentración de fincas en Galilea fomentó el desempleo y la emigración, ya que algunos se fueron a mendigar a Jerusalén, y en parte también, el movimiento zelota que rechazaba el pago de los impuestos no religiosos.

La mayoría de estos hacendados vivían fuera de sus tierras y dejaban la administración en manos de empleados. Los jornaleros, gente sin empleos fijos, trabajaban para esas haciendas.

El padre de Herodes Antipas había comenzado la construcción del Templo de Jerusalén, y la prosiguió generosamente (año 19 a. C.).

Herodes ingresaba anualmente unos diez millones de denarios (1 denario era el salario razonable de un día). Poseía cantidad de mansiones; para confiscar y apoderarse de los bienes que le apetecían no retrocedía ni ante el asesinato. Este Herodes es el que mando decapitar a Juan el Bautista en la cárcel.

Jesús mostró que no le temía, rechazó todo trato con él y, alertó a sus discípulos sobre la maldad que en él se ocultaba.

Los sacerdotes jefes de familia eran integrantes de la aristocracia de Jerusalén, eran entre 15 y 17 familias, gente muy enriquecida con los grandes ingresos y poder que producía una religiosidad y culto montados en relación al Templo, eran los principales administradores del tesoro, y esta administración llevaba un dominio usufructual, pues se aprovechaban de todas sus rentas.

Las familias de los sumos sacerdotes se contaban entre las más ricas del país.

Los grandes comerciantes y terratenientes eran normalmente saduceos como los jefes sacerdotes, varios de ellos eran ancianos, miembros del Sanedrín.

Los pobres.

La mayor parte de la población eran gente pobre: Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas, proclamando la buena noticia del reino y curando toda dolencia y enfermedad. Viendo el gentío, le dio lástima de ellos porque andaban fatigados y decaídos como ovejas sin pastor (Mt.9, 35-36). Entre ésta gente se encontraban:

Los jornaleros, asalariados que ganaban el sustento con el trabajo, se les pagaba por días y el abono era diario, trabajaban de sol a sol por un denario y la comida.

Los escribas no tenían un oficio ni ejercían el comercio, como la enseñanza de la Ley debía ser gratuita, estos escribas eran generalmente pobres y vivían de las ayudas que recibían de sus admiradores y seguidores, de la hospitalidad espontánea que les ofrecían, de las invitaciones a tomar parte en los banquetes celebrados en otras casas.

Habían fariseos pobres, pero con cabeza de rico: «amigos del dinero» los llama el evangelio, y escribas parásitos que se aprovechaban de la hospitalidad de las personas económicamente modestas: que se comen los bienes de las ciudad con pretexto de largos rezos (Mc.12,40).

Los esclavos, la mayoría de ellos estaban en el palacio de Herodes, venían a ser como criados domésticos no libres. Los judíos sólo podían ser esclavos durante seis años, y si el dueño no era judío, el esclavo debía ser rescatado por sus parientes. El servicio de esclavo no era considerado deshonroso, inclusive, el jornalero vivía mucho más inseguro que el esclavo.

El Templo no tenía esclavos, en el campo casi no habían y en la ciudad eran pocos.

Los mendigos, eran los que no trabajaban y no podían trabajar: Se le acercó un gran gentío llevándole cojos, ciegos, lisiados, sordomudos y otros muchos enfermos (Mt.15, 29). Jerusalén era ya en tiempos de Jesús un centro de mendicidad. Los mendigos se concentraban en torno al Templo, en las puertas exteriores de la explanada, en el atrio de los paganos y vivían de la limosna de gente piadosa. La limosna era una de las tres prácticas fundamentales de la piedad judía, junto con la oración y el ayuno.

“Am ha’ aretz= pueblo de la tierra». Eran campesinos, considerados por los sacerdotes como ignorantes de la ley e incapaces de cumplirla, sobre todo la ley del sàbado, la pureza ritual y el pago de los impuestos.

La clase media apenas existía y sólo había en Jerusalén, pertenecían a ella pequeños comerciantes, artesanos propietarios de sus talleres, y los dueños de las hospederías de Jerusalén.

Jesús enfrenta a los ricos

Jesús desenmascaró el poder alienante que se encierra en las riquezas, para él, las cosas materiales son buenas, necesarias y debemos disfrutarlas como regalo de Dios, por eso Jesús condena tan duramente a los ricos y reprocha a los que acaparan y poseen más de lo que necesitan para vivir, sin preocuparse de sus hermanos. Los evangelios traen muestras de las llamadas de atención que hace a todos:

  • No pueden servir a Dios y la riqueza (Mt.6,24)
  • Déjense de amontonar riquezas en la tierra… Porque donde tengas tu riqueza tendrás el corazón (Mt.6, 19-21).
  • Guárdense de toda codicia, que aunque uno tenga de sobra, la vida no depende de los bienes (Lc.12, 15-21).
  • Pero, ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! (Lc.6,24).
  • La raíz de todos los males es el amor al dinero (1Tim.6,10).
  • El que amontona riquezas para sí no es rico para Dios, sino insensato, necio: ha malgastado su vida (Lc.12, 31-34).
  • ¡Con que dificultad van a entrar en el Reino de Dios los que tienen dinero! (Mc.10, 17-27).
  • Pero las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan el mensaje y se queda estéril (Mc.4, 19).
  • En cambio, busquen que él reine y eso se les dará por añadidura. Tranquilícense, rebaño pequeño, que es decisión de su Padre reinar de hecho sobre ustedes. Vendan sus bienes y denlo en limosnas; háganse bolsas que no se estropeen, un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acercan los ladrones ni echa a perder la polilla. Porque donde tengan su riqueza tendrán el corazón (Lc.10, 17-27).
  • Una cosa te falta: vete a vender lo que tienes y dáselo a los pobres, que Dios será tu riqueza; y, anda sígueme a mí. A estas palabras, el otro frunció el ceño y se marcho entristecido, pues tenía muchas posesiones (Mc.10, 21-22).
  • En vida te tocó a ti lo bueno y a Lázaro lo malo; por eso ahora él encuentra consuelo y tú padeces (Lc.16, 19-31).
  • Gánense amigos dejando el dinero injusto: así, cuando esto acabe, los recibirán en las moradas eternas (Lc.16, 9-11).
  • ¡Qué bien echan a un lado el mandamiento de Dios para plantar su tradición! (Mc.7, 8-13).
  • Pagan el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda verdura, y pasan por alto la justicia y el amor de Dios (Lc.11, 41-42).
  • Esto es «Limpiar por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están repletos de robos y maldades» (Lc.11, 39).

Trato a la mujer

La situación social de Palestina es patriarcal. La familia hebrea es una familia grande, amplia. La poligamia sigue siendo lícita, aunque no esté más que al alcance de los que tienen suficientes medios económicos. Y en la casa de familia viven la esposa principal y las secundarias, los hijos e hijas de todas, juntamente con los criados y criadas, esclavos y esclavas.

Sociedad Patriarcal

A la familia se le llama «casa del padre». Él padre gobierna en ella como señor absoluto. Él es el dueño responsable de los bienes de la familia. Los hijos varones son sus herederos. Las hijas aumentan el patrimonio con el precio que los pretendientes pagan al padre al comprarlas.

Él es el único que tiene derecho de disponer, dar órdenes, castigar, pronunciar oraciones, sobre todo la bendición de la mesa, ofrecer los sacrificios. También él, es el maestro de sus hijos.

Como madre, la mujer era respetada y reverenciada, porque los hijos son regalo y bendición de Dios. Por sus hijos, en especial y sobre todo por los varones, es bendecida la mujer.

Mujer diferente al varón

La mujer judía de Palestina, en tiempos de Jesús era considerada inferior al varón por tener menos ventajas que él.

Existía una expresión, como formula, que se repetía con frecuencia; «Mujeres, esclavos (paganos) y niños».

Como el esclavo no judío y el niño menor de edad (13 años), la mujer se debía por completo a su dueño: al padre si era soltera, al marido, si era casada; al cuñado si era viuda sin hijo (Dt. 25,5-10). Si la mujer era soltera estaba bajo la tutela de su padre cuando ésta tenía doce años y era considerada menor: solo él tenía autoridad para casarla. Pero como el padre tenía la autoridad para casar a la hija antes de su llegada a la mayoría de edad, éste podía hacerlo sólo en la edad en que la hija podía dar su consentimiento explícito y decidir a quién quiere como esposo.

Tiene prohibido el hombre casar a su hija cuando es menor hasta que crezca y diga ‘a fulano yo quiero’

(Talmud Babilónico, Tratado de Kidushin 81b).

En ese tiempo, el marido es el dueño de la mujer, y ésta no puede disponer ni de los ingresos de su trabajo, ni de lo que se encuentra.

La pobreza de las mujeres aparece en el relato de la viuda pobre que «ha echado todo lo que tenía para vivir» al tesoro del Templo. Y «todo lo que tenía para vivir » eran «unos centavos» (Mc. 12,41-44).

Aspecto Histórico

Los patriarcas:

La historia judía empezó hace aproximadamente 4000 años, con el patriarca Abraham, su hijo Isaac y su nieto Jacob. Documentos descubiertos en Mesopotamia, que se remontan a la primera mitad del segundo milenio, antes del Mesías Jesús. Corroboran aspectos de su estilo de vida nómada, que se describen en el libro de Génesis. Como decíamos entonces, la época de los Patriarcas empezó hace aproximadamente 4000 años, con el Patriarca Abraham, su hijo Isaac y su nieto Jacob. La Biblia relata cómo Abraham fue llamado para ser el fundador de un nuevo pueblo en una nueva tierra y el portador de la creencia en un Dios revelado. Gn: 17:9: Dijo de nuevo Dios á Abraham: Tú empero guardarás mi pacto, tú y tu simiente después de ti por sus generaciones. (RVA)

Cuando el hambre azotó la tierra, Jacob, el nieto de Abraham, sus doce hijos y sus familias se establecieron en Gocen, al este del Nilo en Egipto.
Posteriormente sus descendientes fueron sometidos a la esclavitud y obligados a realizar trabajos forzados.

Siglos XIX antes de Cristo

Después de cuatrocientos años de esclavitud, los israelitas fueron conducidos a la libertad por Moisés, quién, de acuerdo a la narración bíblica, fue elegido por Dios para sacar a su pueblo de Egipto y retornarlo a la tierra prometida de sus antepasados.
Durante los cuarenta años de deambular por el desierto del Sinaí, los hebreos recibieron la Ley del Señor, llamada Ley de Moisés, incluyendo los Diez Mandamientos, legados a toda la Humanidad y se forjaron como Nación entre las Naciones del Mundo con un Pueblo escogida para ser cuna del nacimiento carnal del Mesías, Dios Encarnado Emanuel.

El Éxodo de Egipto dejó una marca imborrable en la memoria nacional del Pueblo Judío y pasó a ser el símbolo de la libertad y la redención.

Año tras año los judíos celebran 3 fiestas principales, motivos de Aliah la Regel a Jerusalén Pesaj (Pascua), Shavuot (La fiesta de la entrega de la Ley) y Sucot (La fiesta de los tabernáculos) para conmemorar los eventos ocurridos en ese tiempo.

Durante los siguientes dos siglos Israel conquisto gran parte de la Tierra Prometida y abandono sus costumbres nómadas, transformándose en campesinos y artesanos, logrando así un cierto nivel de consolidación social y económica.

Períodos de relativa paz fueron interrumpidos por tiempos de guerra en los que el pueblo se agrupó tras líderes conocidos como Jueces, que eran elevados a esa posición, debido a sus capacidades políticas y militares, así como por su habilidad de inspirar confianza; los jueces ejercían el tiempo necesario como para derrotar al enemigo.

Consecuentemente, la debilidad inherente a su organización tribal frente a la amenaza planteada por los filisteos (un pueblo de Asia Menor que había luchaba por el dominio sobre la zona costera) generó el deseo en parte de los israelitas de cambiar su liderazgo tradicional por un gobernante que pudiera unir a las tribus y convirtiera su posición en una institución permanente, cuya autoridad se sucediera por herencia. Recurrieron a Samuel.

La monarquía

Cubrió el período entre la pérdida de la organización tribal y el establecimiento de una monarquía plena por parte de su sucesor; David. Saúl (en Hebreo era de la tribu de Benjamín, el hijo menor de Jacobo y no de la tribu de Judá como lo fue David)

El rey David.

(1004 – 965 Antes del Mesías.)

David fue escogido de Dios para reinar sobre Israel:
1Sm:16:7: Y Adonay Dios Padre respondió á Samuel: No mires á su parecer, ni á lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Adonay Dios Padre mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón.

1Sm:16:8: Entonces llamó Isaí á Abinadab, é hízole pasar delante de Samuel, el cual dijo: Ni á éste ha elegido Adonay. 1Sm:16:9: Hizo luego pasar Isaí á Sama. Y él dijo: Tampoco á éste ha elegido Adonay. 1Sm:16:10: E hizo pasar Isaí sus siete hijos delante de Samuel; mas Samuel dijo á Isaí: Adonay no ha elegido á éstos. 1Sm:16:11: Entonces dijo Samuel á Isaí: ¿Han acabado los mozos? Y él respondió: Aun queda el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel á Isaí: Envía por él, porque no nos asentaremos á la mesa hasta que él venga aquí.

1Sm:16:12: Envió pues por él, é introdújolo; el cual era rubio, de hermoso parecer y de bello aspecto. Entonces Adonay dijo: Levántate y úngelo, que éste es.
1Sm:16:13: Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió de entre sus hermanos: y desde aquel día en adelante el espíritu de Dios tomó á David. Levantóse luego Samuel, y se volvió á Rama.

David en su reinado convirtió a Israel en una importante potencia en la región, por medio de exitosas expediciones militares provocando la derrota final a los filisteos, y elaboró una red de amistosas alianzas con los reinos vecinos. Como resultado de esto su autoridad fue reconocida desde las fronteras de Egipto y el Mar Rojo hasta las riveras del Éufrates. En lo interior estableció una nueva administración, convirtió a Jerusalén en su capital, unió a las doce tribus de Israel en un sólo reino y colocó a Jerusalén y la monarquía en el centro de la vida nacional del país.

Y la voluntad expresa de Adonay Dios declarada en 2Reyes:8:19: Con todo eso, Jehová no quiso cortar á Judá, por amor de David su siervo, como le había prometido darle lámpara de sus hijos perpetuamente. Promesa dada al patriarca desde hace tiempo en Gn:49:10: No será quitado el cetro de Judá, Y el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Shiloh; Y á él se congregarán los pueblos. (RVA).

La tradición Bíblica dota a David de muchas cualidades, incluyendo talento para la poesía y la música, como se manifiesta en el Libro de los Salmos, que se le atribuye.

El rey salomón.

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Heredó el imperio fundado por su padre David, dedicó la mayor parte de sus actividades a reforzar el reino. Dice la Biblia en 1Reyes:2:11: Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años: siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén.

1Reyes:2:12: Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y fue su reino firme en gran manera. Por medio de tratados con los reyes vecinos y matrimonios con fines políticos, aseguró la tranquilidad dentro de las fronteras del reino y lo igualó a las grandes potencias de la época. Expandió el comercio exterior y promovió el progreso económico del país, desarrollando importantes empresas como las minas de cobre y la fundición de metales.

Fortificó ciudades de importancia estratégica y económica y estableció otras nuevas.
La coronación de las actividades constructoras de Salomón en Jerusalén fueron el palacio real y el Templo, que pasó a ser el centro de la vida nacional del país.

La monarquía davídica.

El gobierno de Salomón se deterioró hacia el final por el descontento de parte de la población, que debía pagar fuertes tributos por los proyectos del Templo.

Al mismo tiempo, se originó una rivalidad entre las 10 Tribus del Norte y las dos del Sur y Judá y Benjamín, quizás por el trato preferencial que recibían por la cercanía de ellas al Jerusalén, el Templo y las familias de los Reyes de Israel produjo el descontento de las demás y el antagonismo entre la monarquía y los separatistas tribales creció considerablemente.

Con la muerte de Salomón, una insurrección abierta condujo a la separación de las tribus del norte y la división del país en un reino norte: Israel, y un reino sur: Judea.

El reino de Israel, que abarcaba el territorio de diez tribus, del Norte con su capital Samaria, duró más de 200 años bajo diecinueve reyes, mientras que el reino de Judea, que comprendía el territorio de las tribus de Judea y Benjamín en el sur, fue gobernado desde Jerusalén durante cuatrocientos años por un número igual de reyes, de la casa de David.

El Imperio Asirio y babilonio, conquistó primero a Israel y después a Judea. El reino de Israel fue vencido por los Asirios (722 a. C.) y su pueblo fue llevado al exilio y al olvido. Más de cien años después Babilonia subyugó al reino de Judea, destruyó el Templo (586 a. C.) y exilió a la mayoría de sus habitantes. Sin embargo, la relación del pueblo con su tierra no fue cortada.

Sentados en los ríos de Babilonia prometieron:»Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, mi diestra sea olvidada. Mi lengua se pegue a mi paladar, si no ensalzare a Jerusalén, como preferente asunto de mi alegría» (Salmos 137:5-6)

En Babilonia comenzó a desarrollarse el judaísmo Babilónico de la Dispersión como un sistema único de ideas y una forma de vida fuera de la tierra de Israel.

Finalmente, de esta manera por providencia Divina aseguró la supervivencia Nacional y la Identidad espiritual del pueblo y le infundió suficiente vitalidad para asegurar el futuro del pueblo como nación donde Nacería un día en Mesías como dice la profecía Bíblica en Miqueas 5:2: Mas tú, Belén Efrata, pequeña para ser en los millares de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo. (RVA)

Exilio y Retorno

El exilio a Babilonia después de la destrucción del Primer Templo (586 Antes del Mesías). Si bien marcó el comienzo de la diáspora judía. Como dijimos fue en Babilonia donde comienza a desarrollarse el judaísmo, como un sistema único de ideas y una forma de vida fuera de la Tierra de Israel. Finalmente esto por la Gracia de la Divina Providencia aseguró la supervivencia nacional y la identidad espiritual del pueblo y le infundió suficiente vitalidad para asegurar el futuro del pueblo como nación en el Retorno donde se realizaba el contacto entre Israel y la Diáspora por medio de las caravanas que por el comercio o que venían los Judíos de la Diáspora a visitar el Templo periódicamente en las tres Fiestas Principales. Como habían venido a visitar el Templo en Sucot los Judíos de la Diáspora Citado en Hechos: 2:7: Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son «Galileos todos estos que hablan?

Acts: 2:8: ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos? Hechos: 2:9: Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia, Hechos: 2:10: En frigia y Panfilia, en Egipto y en las partes de África que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos.

Periodo Persa y Helénico

El rey persa Ciro, que había conquistado Babilonia, decretó que los judíos eran libres de retornar a su tierra. Aproximadamente cincuenta mil judíos regresaron, dirigidos por Zorobabel, descendientes de la Casa de David, emprendiendo el Primer Retorno Shibat Tzión (538 Antes del Mesías). El Segundo Retorno fue dirigido por Esdras el Escriba, casi un siglo después.

Durante los siguientes cuatro siglos, los judíos conocieron diversos grados de autonomía persa (538-333 Antes del Mesías) y posteriormente el Helenístico Ptolomeo y Seléucida*2 (333-63 Antes del Mesías). La repatriación de los judíos, el inspirado liderazgo de Esdras, la construcción del Segundo Templo, la reedificación de los muros de Jerusalén y el establecimiento de la Knéset Hagadol Sanedrín (Gran Asamblea) como ente religioso y judicial supremo del pueblo judío, marcaron el comienzo del Segundo Estado Judío (Periodo del Segundo Templo).

Dentro de los confines del Imperio Persa (538~333 AEC), Judea era una Nación que tenía por Capital en Jerusalén, cuya dirección estaba confiada al Sumo Sacerdote y el Consejo de Ancianos.

En el período helenístico, los gobernantes Seléucida con sede en Siria prohibieron la práctica del judaísmo y profanaron el Templo, en un esfuerzo por imponer la cultura y las costumbres helenísticas a toda la población. Como reacción a esto, surgió un gran movimiento de rebelión (166 Antes del Mesías) que se transformó en una poderosa fuerza combatiente. La revuelta fue dirigida por Matatías (Matitiahú), miembro de la dinastía de sacerdotes hasmoneos y, después de su muerte, por su hijo, Judá (Yehuda), conocido como el Macabeo, que logró una serie de victorias sobre el ejército seléucida y purificó el Templo (164 Antes del Mesías). Mas los Macabeos usurparon al fin y al cabo el reinado encomendado a los Descendientes de David. Estos eventos se celebran desde entonces anualmente durante la Fiesta de Jánuca o de la Dedicación o luminarias como lo indica el Nuevo Testamento Jn: 7:37.

Más en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí y beba. (RVA). Aquí se lo empezó a recocer a Jesús como perteneciente al Reinado por ser hijo de David.

Dinastía Hasmonea

A raíz de los triunfos hasmoneos – Macabeos, los seléucida en (142 Antes del Mesías) restauraron la autonomía política y religiosa en Judea como se llamaba entonces la tierra de Israel y, con la caída del reino Seléucida (129 Antes del Mesías), se logró una completa independencia. El gobierno de los hasmoneos, que se convirtió en una monarquía hereditaria actitud que causó muchos problemas en el seno del pueblo, que pensaba que sólo podía ser rey un descendiente de la Casa de David, Como Jesús por ejemplo.

Se llegó a establecer fronteras no lejanas de las del reino de Salomón que habían sido las más extensas en la historia de Israel.

Durante la dinastía hasmonea, que duró alrededor de 80 años, se obtuvo una consolidación política bajo dominio judío, preparando la venida del Mesías y la vida judía floreció.

Bajo el Dominio Romano.

Cuando los romanos reemplazaron a los seleúcidas como la principal potencia de la región, otorgaron al rey hasmoneo Hircano II, una ilimitada autoridad dependiente del gobernador romano en Damasco. Los judíos no aceptaron gustosamente el nuevo régimen, y los años siguientes fueron testigos de frecuentes insurrecciones.

El último intento de restaurar la antigua gloria de la dinastía hasmonea fue realizado por Matatías Antígono (40 Antes del Mesías). Su derrota y muerte tres años más tarde, en manos de los romanos- puso término al régimen hasmoneo, y la tierra pasó a ser un estado vasallo dentro del imperio romano. En el año 37 Antes del Mesías, Herodes, hijo de un asesor del rey Hircano II y casado con su hija, fue designado por los romanos rey de Judea.

Aunque no tenía ninguna autoridad en política exterior, Herodes recibió de los romanos una autonomía casi ilimitada en los asuntos internos del país y se convirtió en uno de los más poderosos monarcas de la parte Oriental del imperio romano.
Gran admirador de la cultura greco-romana, Herodes inició un programa de construcción masiva que incluyó las ciudades de Cesárea y Sebastia y las fortalezas de Herodión y Masada. Asimismo refaccionó el Templo, convirtiéndolo en uno de los más maravillosos edificios de su tiempo. Pero a pesar de sus múltiples logros, Herodes no fue capaz de ganar la confianza y el apoyo de sus súbditos judíos.

Después de la muerte de Herodes (4 Antes del Mesías), la autoridad de sus herederos fue disminuyendo progresivamente, principalmente debido a la oposición popular a la dinastía herodiana, hasta que Judea quedó bajo la directa administración romana (6 D.C.). Cuando el dominio romano, crecientemente cruel e insensible, se convirtió en intolerable, los judíos se lanzaron a una revuelta (66 D.C.) en los últimos días del imperio de Nerón que concluyó con la destrucción de Jerusalén (70 D.C.) y la caída de la última fortaleza de los judíos en Masada (73 D.C.).

La destrucción de Jerusalén y del Templo por parte de Tito, comandante de las fuerzas romanas afectó gravemente al pueblo judío. De acuerdo al historiador judío de la época, Flavio Josefo, aproximadamente un millón de judíos perecieron solamente en el asedio a Jerusalén, muchos fueron muertos en diferentes partes del país y decenas de miles fueron vendidos como esclavos.

Un último breve período de soberanía judía siguió a la revuelta de Shimón Bar Kojbá (132 Era Común.), durante la cual se recobraron Judea y Jerusalén. Sin embargo, dado el enorme poderío de los romanos, el resultado fue inevitable. Fue declarado también Mesías pero al término de tres años, conforme a la costumbre romana, Jerusalén «fue arada con una yunta de bueyes»; para borrar todo lazo judío con la tierra, Judea fue llamada Siria Palestina, y Jerusalén, Aelia Capitolina. Cumpliéndose así la profecía de Jesús en el Nuevo Testamento: Marcos: 13:1: Y SALIENDO del templo, le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Marcos: 13:2: Y Jesús respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. Marcos: 13:3: Y sentándose en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron aparte Pedro y Jacobo y Juan y Andrés: Marcos:13:4: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá cuando todas estas cosas han de cumplirse? Marcos: 13:5: Y Jesús respondiéndoles, comenzó á decir: Mirad, que nadie os engañe; Marcos: 13:6: Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañaran á muchos. Marcos: 13:7: Mas cuando oyereis de guerras y de rumores de guerras no os turbéis, porque conviene hacerse así; mas aun no será el fin.

Bajo el Dominio Árabe.

La conquista árabe de la Tierra de Israel ocurrió cuatro años después de la muerte de Mahoma (632 Era Común) y duró más de cuatro siglos, con Califas que gobernaba en un comienzo desde Damasco y más tarde desde Bagdad y Egipto. La ciudad de Jerusalén le fue entregada al califa Omar, a cambio cartas de privilegios que permitían a los cristianos mantener sus lugares santo y conservar sus costumbres.

Al comienzo del régimen musulmán fue reanudado el asentamiento judío en Jerusalén y se otorgó autorización a la comunidad judía para vivir «bajo protección», (este status se les otorgaba a los denominados «Pueblos del Libro», o sea, a judíos y cristianos. Su categoría en la sociedad se denomina «Dhimma» y estos eran «Dhimmis» y debían pagar un impuesto que se llamaba Gizia.), el status acostumbrado para no musulmanes bajo el régimen islámico que salvaguardaba sus vidas, propiedad y libertad de culto a cambio del pago de una capitación especial e impuestos sobre las tierras.

Sin embargo, la posterior introducción de restricciones contra los no-musulmanes (717 Era Común) afectó la conducta pública, la observancia religiosas y el status legal de los judíos, mientras que la imposición de severos impuestos a las tierras agrícolas obligó a la mayoría de ellos a abandonar sus comunidades rurales a ciudades, donde su situación mejoró levemente.

Jerusalén fue fijada durante este gobierno como la tercera ciudad en importancia para el Islam, después de la Meca y Medina, para considerar a Jerusalén, específicamente a la Roca, como el punto desde el cual Mahoma ascendió al cielo. Más tarde, Abd El Malik, gobernante de la dinastía Omeya, construye este lugar el domo de la Roca y en la parte sur, la Mezquita de EI Aksa, así como palacios para sus nobles.

El aumento de la discriminación social y económica obligó a muchos judíos a abandonar el país, de modo que a fines del siglo XI, la comunidad judía en la Tierra de Israel había disminuido considerablemente y había perdido algo de su cohesión organizativa y religiosa.Si este estudio te ha parecido importante te invitamos a que lo compartas con tus amigos, para que lo estudien y aprendan más sobre esta gran nación bendecida de Dios.

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